Este tema, el de la medicación psiquiátrica, es delicado de por sí así que voy a intentar tratarlo con el máximo cuidado. Debo decir que no es mi intención sentar cátedra con lo que es mi simple opinión, ni deseo imponer mi criterio. Mi propósito, como suele ser en ciertos temas, es invitar a la reflexión.

Yo tomo medicación psiquiátrica de forma más o menos continuada desde los 20 años (ahora tengo 32). Actualmente tomo tres tipos de pastillas: un antidepresivo (fluoxetina), una para dormir (Lormetazepam) y, de vez en cuando, un ansiolítico (lorazepam). Otras pastillas que he tomado son diazepam, setralina, alprazolam y algún que otro antipsicótico cuyo nombre o composición no recuerdo, de cuando creía tener alucinaciones. Puede que me dieran también un anticonvulsivo, pero no estoy segura, puede que fuera simplemente el antipsicótico. Creo que este es mi historial completo, puede que olvide algo, comprended que mis recuerdos del principio son escasos y difusos.

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Creo que ahora mismo he llegado a un buen equilibrio con la medicación, hace que la vida me duela menos y, al mismo tiempo, no siento que pierda facultades (algo muy importante para mí, para todes creo). Cuando me preguntan “¿no te gustaría no tener que tomar tantas pastillas?” yo respondo que claro que me gustaría, imagino que igual que a una persona enferma del corazón también le gustaría no necesitar su medicación, o a alguien que le han hecho un transplante o a alguien que, como yo, sufre migrañas, le gustaría no tener que tomar esas pastillas, o, como es mi caso también, me gustaría tener bien las hormonas y no necesitar tomar hormonas extra para estar bien. El caso es que si tomo medicación es porque la necesito, ni más ni menos.

No sé por qué hay gente, mucha gente, que cree que la medicación psiquiátrica es accesoria, opcional, algo que se toma por gusto y que se puede elegir no tomar sin graves consecuencias. Supongo que esto forma parte del estigma que sufren (sufrimos) la gente loca. Si alguien me dice “voy a tomarme un ibuprofeno porque me duele la cabeza” no cuestiono su decisión y, mucho menos, cuestiono su dolor, al que quiere poner remedio. No sé por qué otros tipos de dolor son tan incomprendidos. No sé por qué cuando he sufrido un ataque de ansiedad, en el que sentía como si me muriese, haya habido gente que me dijera que me aguantase, que una pastilla era peor que eso.

También hay gente que parece preocupada porque este tipo de medicación me haga dejar de ser yo, como si pudiera cambiar mi personalidad. Sin embargo, esta gente no tiene ningún tipo de reparo ni cuestiona mi decisión de tomar la píldora anticonceptiva, fármaco que tiene múltiples efectos secundarios y afecta profundamente al humor y los estados anímicos de quien la toma. Así que entiendo que lo que preocupa no es que la medicación me haga dejar de ser yo, sino perpetuar un estigma, aunque no se haga de forma consciente.

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Luego está la otra parte. Porque igual que hay gente que nos cuestiona a las personas que hemos decidido tomar medicación psiquiátrica, hay gente que instiga a otras personas, o las obliga directamente, a tomarla, o a tomarla en exceso. Antes he dicho que para mí es muy importante tomar la medicación justa y necesaria para aliviar mi dolor sin perder facultades. ¿Qué significa esto? Que no quiero ir excesivamente drogada por la vida, adormilada, sumisa, sin voluntad. Es cierto que la medicación psiquiátrica, a veces, y sobretodo en exceso, ocasionan estos efectos. Al principio sobretodo, antes de conocer cuál era la que mejor me iba y qué dosis era la indicada para mí, me pasó esto. Parecía un zombi desganado, anestesiado no sólo mi dolor, sino también el resto de mis emociones. En este estado me convertí en una persona muy vulnerable, más dependiente de mis cuidadores, que elegían por mí lo que era mejor para mí. Esto es peligroso, sí, pero a veces no queda más remedio que depositar tu confianza en la gente que te rodea. Sin embargo, me alegro mucho de que fuera un estado transitorio. Me gusta haber recuperado mis facultades, mi capacidad de sentir y discurrir, de razonar y de tomar decisiones, aunque me cueste. He conocido gente que se ha atrevido a decir que prefería verme en el estado zombi, que estaba “más tranquila” (lo que significa más dócil, menos problemática).

Así que con esto llego al quid de la cuestión: ¿se debe dar medicación psiquiátrica a niñes o personas muy dependientes y/o con afectación intelectual?

Es una pregunta complicada, muy complicada. Como he dicho, voy a contestar con mi opinión, opinión que seguiré revisando cada día. Voy a contestar con un caso hipotético. Me imagino en la tesitura de tener une hije, y que mi hije me diga que le duele la cabeza. Creo que le daría una aspirina infantil sin pensármelo mucho. Me imagino a mi hijo diciéndome que le duele la tripita, y creo que le proporcionaría una dieta blanda y un jarabe que a mí me va bien sin ningún dilema moral por mi parte. Si mi hije sufriera de otra forma, de esa otra forma que conozco tan bien, y me diera cuenta o me lo dijera directamente, probablemente sí, le daría medicación psiquiátrica para paliar su dolor. Pero no, no querría volverle más sumise ni dócil, aunque sé que al principio es muy probable que ocurriese. Para mí, negarle medicación a una criatura que sufre, me parece tortura y así lo he vivido cuando me ha pasado a mí. No obstante, procuraría tener mucho cuidado de no sobrepasar el límite de, por evitarle sufrimiento, quitarle también su voluntad, su autonomía y el resto de sus emociones. Como he dicho, es un tema complicado, por eso estaré encantada de leer vuestras opiniones y cómo las argumentáis para seguir revisando mi opinión al respecto. Como he dicho, os invito a la reflexión.

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Espero que esta entrada os haya resultado útil y/o interesante. ¡Saludos!

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