Al Estado le da igual que me muera. Es más, creo que así lo desea.

Al menos, eso es lo que me demuestra con sus actos. Os voy a poner en antecedentes.

Desde enero estoy de baja en el trabajo, me dio un ataque de pánico terrible en el que mi marido tuvo que venir a rescatarme. El motivo fue que la cantidad de tareas y el esfuerzo que implican me sobrepasan. Sencillamente, no puedo con ello. Me empezó a doler la espalda y en urgencias me recetaron algo para aliviar el dolor. Pasaban los días y el dolor no menguaba. Me cambiaron el tratamiento dos veces más, hasta que me desmayé en la calle.

Desde hace mucho tiempo me encuentro cansada pero aquel día no podía dar un paso sin fatigarme. Lo expliqué por tuiter con más detalle pues el susto fue grande. Me llevaron a urgencias en ambulancia y después de muchas pruebas y mucho dolor descubrieron que tenía una úlcera sangrante y me había quedado con una fuerte anemia. Me cerraron la úlcera y me transfundieron sangre. Me quedé toda la semana en el hospital, sin casi poder moverme. Ahora estoy en casa, pero tardaré bastante en recuperarme de la anemia y por eso necesito ayuda hasta para ir al baño (me tiemblan las piernas y me mareo cada vez que me levanto). En el hospital hicieron un gran trabajo y tuvieron en cuenta mis necesidades, mi queja, mi indignación no va por ese camino.

Hoy me ha llegado la carta de la revisión de la discapacidad. Me la han rebajado veinte puntos por lo que ya no tengo derecho a nada. No cobraba pensión, sólo necesitaba tener ese porcentaje de discapacidad (33%) para tener trabajo y, a ser posible, pedir las adaptaciones pertinentes. Este blog lo empecé a escribir antes de conseguir el grado de discapacidad y la ayuda laboral. Podéis echar un vistazo a mis entradas antiguas para valorar mi estado de salud por aquel entonces y cómo vivía.

Me han despojado de mi único medio de vida. Me han arrojado al ostracismo. Y como yo, cientos. En la propia Asociación Asperger de Valencia, de la que soy socia pues necesito su ayuda para terapia y todo el asunto de la burocracia, me han confirmado que están denegando el grado de discapacidad de forma sistemática a un montón de personas en el espectro. Peques que se van a quedar sin adaptaciones escolares, jóvenes sin respaldo para sus estudios superiores, adultes sin trabajo, como yo.

La gente discapacitada no importamos una mierda al sistema. Ni siquiera para lavarse la cara. Ya ni siquiera fingen que importamos para dar una apariencia progresista e inclusiva. Nos quieren muertos, que así no molestamos.

He llorado de rabia e indignación, de miedo e impotencia. ¿Dónde estaba el Estado para protegerme cuando era una niña desatendida? Médicos y profesores vieron lo que ocurría y prefirieron mirar para otro lado. ¿Dónde estaba cuando fui una mujer maltratada? Nadie me tendió una mano para salir del pozo de miseria en el que me encontraba. ¿Y dónde estaban cuando supliqué ayuda con mi madre alcohólica para no acabar en la calle? Dándome con la puerta en las narices.

Gran parte de mi discapacidad se podría haber evitado si se me hubiera proporcionado el sostén adecuado, si no hubieran permitido que la maldad ajena me devorara. Podrían, pero no lo hicieron. Y ahora que tenían la oportunidad de impedir que cayera de nuevo en lo profundo de la bestia que es esta sociedad para la gente discapacitada, me han lanzado al suelo como a una mierda, un desecho, escoria a la que es mejor no ver, no escuchar, no atender.

La semana pasada podría haber muerto. Ahora pienso que habría sido mejor haberlo hecho. Si en vez de al hospital hubiera insistido en ir a casa, me hubiera echado la siesta y me hubiera desangrado en paz. No tendría que estar sufriendo todo esto. ¿Cómo creéis que esta noticia me afectará a corto y largo plazo? El estrés se paga, vaya que si se paga. Si con 35 años ya estoy para el arrastre, ahora que tengo vetados los antiinflamatorios, que no sé qué esfuerzos voy a poder hacer sin perjudicarme, que debo retirar parte de mi medicación… ¿cómo voy a sobrevivir? ¿Cómo?

Yo no estaba (ni estoy) cobrando una pensión, pero sí pagaba (y pago) impuestos. ¿Qué consiguen retirándome la poca ayuda de la que era beneficiaria? El ahorro que pueda suponer a las arcas debe ser irrisorio, y no sólo eso, sino que en poco tiempo se volverá en su contra (en contra de todes en realidad). No sé en qué momento me iré al paro, si pueden echarme ahora o deben esperar a que me den el alta (trabajo para un centro especial de empleo, sólo gente discapacitada). ¿Acaso es más barato que cobre la prestación de desempleo? Y si no consigo trabajo después de eso, o sólo cosas muy precarias en las que a la primera baja me den la patada, ¿qué pasará conmigo? Mi marido y yo mantenemos a mi hermana, que lleva años trabajando en hostelería y limpieza de forma precaria, sin nada estable, sin esperanza ni futuro. ¿Qué ocurrirá con mi madre? Soy yo quien paga el piso en el que vive. No tendría casa si no fuera por mí. Puede que eso sea lo que quieren, otra alcohólica viviendo en la calle. Y si no es eso lo que quieren, si no quieren que me hunda en la mierda y dejar en un páramo socioeconómico a la población autista y discapacitada, que lo demuestren. ¿De qué me sirve que en unos días iluminen cuatro edificios de azul? DE NADA. Les sirve a ellos, los gobernantes, para ganarse la simpatía de sus votantes. Aparentar que se preocupan, sin ocuparse realmente, como buen sistema neurotípico. Me pregunto si se irán a casa con la satisfacción de haber hecho un buen trabajo tras denegar cientos o miles de ayudas (que más que ayudas, son correcciones necesarias para no excluir a la gente, para que todes podamos ejercer los mismos derechos), hacerse la foto de turno en un edificio iluminado de azul y cobrando dietas (superiores a cualquier sueldo que yo haya podido tener) viviendo en la misma ciudad donde realizan su gran labor.

Estoy muy enfadada, y también muy asustada. Esto me ha venido en el peor momento de salud de toda mi vida. Salud que, dadas las circunstancias, creo que sólo puede ir a peor con el tiempo. No sé qué va a ser de mí ni de mi familia si por alguna de aquellas no se me devuelve el grado de discapacidad. Mi deseo de ser madre a la basura por cierto, otro sueño que se desvanece por el momento.

Ojalá despertar de esta pesadilla. Yo sólo quería una vida normal, sin mayores pretensiones. Pero si no tengo derecho a ella, al menos gritaré, protestaré, le subiré los colores a los poderes públicos que promueven la barbarie. Porque si despojar a gente discapacitada de la poca ayuda que se les ofrece para poder llevar una vida corriente, promoviendo de manera indirecta (y no tan indirecta) nuestra muerte no es de bárbaros, no sé lo que es.

Hasta la próxima, si me lo permiten.