A menudo me sorprende que, tras tantos y tantos testimonios de gente adulta autista sobre el infierno que fueron sus infancias y la distancia que han tomado de sus progenitores, sigan habiendo madres y padres tratando por todos los medios de encontrar la manera de que sus retoños autistas les cojan miedo y odio. Así que para poner la tarea más fácil a estas personas en su empeño por ser temidas y odiadas por sus propias criaturas, voy a dar una serie de consejos para que tengan un rápido éxito en su propósito.

Uno. Deja claro que te importa más que parezca normal a que esté bien.

Por ejemplo, puedes obligarle a mirar a los ojos aunque eso le incomode profundamente y no sirva para nada. Lo importante es que PAREZCA que presta atención, no que realmente esté atendiendo.

¿Stims en público? Ni por asomo. ¿Qué pensaría la gente? ¿Qué más da que contener sus movimientos y sus ecolalias le cause dolor? Ese dolor no es nada en comparación a la vergüenza de que otra gente vea esa expresión de su ser.

Si se tapa los oídos porque le molesta algún ruido, destápaselos a la fuerza. Si se rasca con fruición porque le molesta la ropa, contenle. Si muestra un interés desmedido por algo que no puedes ni quieres comprender, avergüenzale por ello.

A tu hije debe quedarle claro que tu amor por elle está condicionado por su capacidad de aparentar ser una persona que no es.

Dibujo sencillo de un niño con una flor mustia en la mano y el corazón roto. Línea negra, corazón rojo, fondo blanco sucio.

Dos. Menosprecia su sensibilidad sensorial.

Cada vez que tu hije exprese malestar por algún ruido, textura, luz o cualquier tontería semejante, dale a entender que está exagerando, que se queja por nada, que nadie más se siente así y, por lo tanto, elle tampoco se siente así y sólo lo manifiesta por fastidiar, porque le gusta el drama.

Tres. Desprecia sus gustos e intereses.

¿Le gusta alinear objetos en línea o apilarlos unos encima de otros? No dudes en deshacer su obra, no está de más exclamar el espanto que ha creado. ¿No para de hablar de una serie de dibujos que le tiene obsesionade? Pídele que se calle o que hable de otra cosa. Recuérdale de forma constante que a nadie le interesa saber tanta información sobre un hobby tan trivial. ¿Le apasiona coleccionar piedras y se pasa horas contemplándolas, contándolas, ordenándolas? Puedes tirarlas a la basura en cuanto tengas la oportunidad. Tu hije no lo olvidará con facilidad.

Cuatro. Demuéstrale que es una carga para ti.

Quéjate delante de elle de la cantidad de trabajo y disgustos que te proporciona. Tu vida es una tragedia y una desgracia por tener que ocuparte de sus extrañas necesidades y cuanto más se lo recalques, antes lograrás tu objetivo de alejar a tu retoño de ti. Primero emocionalmente y, más adelante, si puede (y buscará la manera de poder), físicamente. Todo por complacerte, para que no tengas que soportar más la obligación de cuidarle.

Fotografía de un niño con chubasquero amarillo alejándose por un camino en mitad del campo.

Cinco. Oblígale a realizar terapias abusivas.

Nada como las «terapias» abusivas para crear traumas duraderos. La de tipo ABA por ejemplo, que se parecen (por no decir que son iguales) a las terapias de conversión que se usaban (usan) para «curar» a la población homosexual. Pero no es necesario recurrir a algo tan drástico (y caro). Siempre puedes atiborrar a tu peque de sustancias dañinas para que pierda la salud física, o suprimir alimentos que le gustan de su dieta, con el consiguiente riesgo nutricional, porque lo has leído por ahí o te lo ha contado alguien que conoces. O no dejarle tener ni un ápice de ocio porque todo su tiempo libre lo debe dedicar a actividades de rehabilitación o terapéuticas.

Seis. Que te oiga decir que odias el autismo.

También puedes mostrárselo, claro, pero decirlo en alto es la puntilla final. Yo, cuando escucho a alguien decir que odia el autismo, lo que oigo es que me odia a mí, porque yo no puedo separarme de mi autismo, forma parte de mí y de quién soy, tanto o más como mi género, mi constitución física o mi color de piel. Así que si su hije le escucha decir que odia el autismo comprenderá, puede que no de forma consciente pero sí en lo profundo de su ser, que odia todo lo que hace, todo lo que es. En definitiva, que le odia a elle.

Si por alguna de aquellas eres una mamá o un papá cuyo deseo es contrario al expuesto en esta entrada, que lo que más quiere es que tu hije sea feliz, esté bien y no deje de amarte conforme crezca, puedes tomar esta guía y hacer todo lo contrario.

Muchas gracias por leerme.

Foto oscura con tonos rojizos de una bombilla apagada puesta sobre una superficie horizontal.

PD: uso «elle» porque me da la gana, no voy a dejar de hacerlo porque alguien me lo pida o me lo ordene. Si aún así quieres tomarte la molestia de proferir una queja al respecto, que sepas que la ignoraré con desdén y la borraré del blog.

Descripción imagen de portada: fotografía en blanco y negro del primer plano de un niño blanco que mira a cámara con recelo y desprecio.

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