Como autista, mi experiencia con el dolor puede resultar significativamente distinta de las personas alistas (no autistas) e incluso de otras personas autistas. A veces siento dolor por estímulos que a otras personas les resultan indiferentes y otras no siento el dolor con la intensidad que se esperaría. También mi expresión del dolor suele diferir de la norma (lo que me suele complicar la vida).En los cerebros autistas el número de conexiones entre neuronas suele ser mucho más elevado que en el cerebro normotípico. (Hay autores que llaman a esta hiperconectividad neuronal como aberrante). Esto puede significar (y significa en gran número de individuos) que nuestro sistema nervioso (formado por el cerebro y los nervios, que no son otra cosa que grupos de axones de neuronas) posea una sensibilidad única y distintiva. Se suele decir que nuestra percepción está alterada (al menos con respecto de la media).
Esto tiene un sinfín de implicaciones sensoriales, sociales, personales, etc. Una de ellas es la manera de percibir y expresar el dolor.

Una cosa que me duele y no todo el mundo comprende son algunos ruidos. Por ejemplo, en mi trabajo hay que hacer arqueo de caja (contar el dinero de la caja registradora antes del cierre de turno). Todos mis compañeros, al contar las monedas, las lanzan desde el puño y caen en la caja de una a una, produciendo un clink, clank espantoso que me revuelve las tripas. Yo, en cambio, dejo las monedas cuidadosamente para que suenen lo menos posible. Este comportamiento que puede resultar extraño a simple vista, curioso como poco, tiene una razón de ser de lo más lógica y natural: quiero evitarme dolor, como cualquier otra criatura sintiente. En mi trabajo saben cuándo he sido yo la última en contar el dinero de la caja porque formo pequeñas torres con las monedas. Nunca me han preguntado por qué hago esto, se da por sentado que es una extrañeza mía, otra más de mis numerosas peculiaridades. Si alguna vez se han fijado en la cara de dolor que pongo cuando escucho cómo ellos hacen resonar las monedas en la caja, nunca me lo han dicho.Otros ruidos que me pueden producir dolor son los bocinazos, frenazos, sonido del tráfico en general, gritos muy agudos y persistentes, entrechocar de objetos metálicos o vidrios, los que suelen producir dentera (rascar una pizarra o un plato) y los altavoces que distorsionan mucho el sonido. Probablemente me deje unos cuantos, pero como ejemplos creo que es suficiente.
Otra cosa que me puede producir dolor, y mucho, es el tacto de ciertas texturas. Mi uniforme de trabajo consiste en un EPI de alta visibilidad, y llevo a diario una de esas camisetas naranjas con franjas grises. Además de necesitar lavar el pantalón un par de veces con suavizante para que desgaste un poco y no me roce los muslos (y lo que no es muslo), si llevo la camiseta sin una camiseta interior (para no estar en contacto directo con la tela esa naranja), se me enrojece la piel, me pica y me molesta una barbaridad.
Hace años, muchos años, que renuncié a llevar sandalias y tacones, y en la medida de lo posible incluso evito los zapatos. Suelo preferir las zapatillas y, como mucho, unas botas tipo de montaña. Me casé en zapatillas de hecho. El dolor de los pies y las rozaduras era insoportable. Sí, sé que a mucha gente le duele, pero para mí es un dolor incompatible con la vida, algo totalmente insoportable.
La luz del sol directa en los ojos me duele, siempre voy con gafas de sol y el día que se me olvidan lo lamento de veras. Y cuando digo dolor, quiero decir dolor, no una ligera molestia, no algo que pueda ignorar.
Y sin embargo, llevo unos cuantos tatuajes, algunos me dolieron una barbaridad, otros apenas los noté y el que se supone que más debía dolerme (esternón tocando costillas) sólo sentí una sensación extraña que no asocié al dolor.
Es verdad que a veces me cuesta reconocer que algo me duele. No es habitual, suelo tender a la hipersensibilidad y a la baja tolerancia al dolor, pero a veces ocurre. Me pasa especialmente con el frío. Tardo un rato considerable, en circunstancias normales (si no tengo fiebre ni me encuentro mal), en sentir frío.Y bueno, esto lo voy a contar aunque me dé un poco de vergüenza por si le pasa a más chicas cis (o chicos/es trans) para que no se sientan tan raras como suelo sentirme yo al respecto. El clítoris, la parte visible, el bultito entre los labios, la parte escondida bajo el capuchón, me duele terriblemente ante cualquier roce directo. Veo las estrellas. Insoportable. Menos mal que está bastante protegido por el capuchón y tal, porque si estuviera tan expuesto como un pene al uso, creo que me moriría. Esto me ha ocasionado más de una molestia en el terreno de las relaciones sexuales, pero no entraré hoy en ese tema (puede que haya hablado alguna vez sobre ello).
Creo que lo más extraño que suele resultar a la población NT es el dolor a los ruidos, que me duela como si un cuchillo me atravesara el oído, el cerebro y casi el alma. Pero el resto de casos que he descrito son más una diferencia cuantitativa que cualitativa. Así que muchas veces me he encontrado con opiniones y comentarios escépticos sobre la intensidad de mi dolor. La mayoría provenientes de mi madre, al menos cuando era niña. Pero también los propios médicos me han cuestionado (como cuando me rompí el brazo).
Al parecer, mi rostro no es tan expresivo como otros rostros para transmitir con precisión el nivel de mi malestar. Puede parecer, de hecho, que paso de la inexpresividad al llanto desconsolado. Por ello mi credibilidad no ha sido de las mejores, y a pesar de ser una de las personas más honestas que conozco (o lo intento, porque ya bastante confuso me resulta el mundo sin engaños) se me ha tildado de mentirosa y manipuladora en más ocasiones de las que puedo recordar.
Compartiendo mi experiencia vital con otras personas autistas, especialmente mujeres, me he dado cuenta de que no he sido una caso aislado, una anécdota curiosa, sino que es algo mucho más frecuente entre nosotras de lo que debería.El dolor es importante, es una señal de nuestro cuerpo-mente, un aviso de que algo no va bien y debemos prestar atención. El dolor existe para ayudarnos a sobrevivir (las personas con afecciones en las que no se siente dolor suelen tener una esperanza de vida menor). Por ello, cuando manifestamos nuestro dolor y no lo toman en serio, no nos creen, están poniendo en riesgo nuestra salud y nuestra supervivencia. Si hasta el momento tú misme has sido desconsiderade con tu dolor, restándole importancia y no dedicándole la atención merecida, espero que tras leer esta entrada pueda cambiar tu perspectiva y empezar a respetarte como criatura sintiente, por divergente que sea tu forma de sentir.
Hasta la próxima.