Se habla del bullying como de un monstruo a combatir, un monstruo del que hay que esconderse para que no te descubra ni a ti ni a tus seres queridos, especialmente a los más vulnerables, les niñes.

En mi opinión, el tratamiento que se le está dando tanto al bullying como al resto de tipos de maltrato (institucionales o no, aunque no se me ocurre ningún ejemplo de maltrato que no esté en cierta medida institucionalizado).

Lo primero y más primordial que falla en el tema del bullying (siempre desde mi perspectiva) es dónde se está colocando el foco. Las víctimas no necesitan ser más protagonistas de estas horribles historias, lo que necesitan es que dejen de ser maltratadas y esto no podrá suceder mientras el foco no apunte directamente a quienes perpetúan y permiten el maltrato. A la sociedad NT le encantan los eufemismos, el mundo de las apariencias, creerse las mentiras que tejen para vivir una versión de la realidad más confortable. En la sociedad NT, plagada de mentiras, sutilezas, protocolos sociales y demás, es una odisea, especialmente para alguien autista aún peque, revelar una verdad tan incómoda como estar sufriendo una situación de abuso y maltrato. ¿Me van a creer? ¿Voy a sufrir todavía más maltrato por decirlo? ¿Qué me ocurrirá?

Esta incertidumbre sería mucho menor si existieran ejemplos previos en el entorno y la sociedad de actuaciones tajantes contra quien comete estos abusos, y también contra quienes lo permiten sin hacer nada por impedirlos.

En este clima es natural que madres y padres preocupados traten de proteger a sus peques, especialmente si éstos son autistas. Sin embargo, la forma que he observado en que se trata de ofrecer esta protección causa precisamente un efecto inverso: se deja al niñe más desprotegido ante el maltrato. Os pongo un ejemplo que me encuentro con frecuencia.

Un niño autista que muestra algunos rasgos típicos del autismo, como aletear las manos, balancearse, no mirar a los ojos, quejarse o gritar o llorar con ruidos fuertes/ olores fuertes, etc.

Los padres piensan: bueno, si puede disimular estas conductas, no será objetivo de ningún bully.

Este es el primer error que se comete. Los bullys agreden porque son agresores y la sociedad les permite con cierta impunidad que agredan a quienes se le antojen. Por lo general escogen como víctimas a quienes perciben más débiles, más vulnerables porque, bueno, son bullys, no quieren un duelo justo sino tener poder sobre otra persona.

Imaginad una clase de treinta niñes, al menos diez de elles con características visibles que denotan diferencia del grupo y vulnerabilidad. Que si el afeminado, la gorda, la que lleva gafas de culo de vaso, el larguirucho, el callado, la fea, la que lleva ropa de pobre, el negro y el raro. Incluso si no decimos que somos autistas, incluso si no sabemos que somos autistas y tratamos por todos los medios de parecer normales, a ojos de un bully seremos les rares.

Es estúpido y cruel pedirles a este grupo de niños que sean “normales” sólo para no ser agredidos. Es un sinsentido, algo que va contra la lógica fundamental. Es un deseo o una petición que sabemos de antemano que no va a funcionar. Sería como pedirle a alguien que subiera a por la luna y la bajara hasta el suelo. Sencillamente no se puede. Como mucho se puede montar un artificio, una ilusión, una mentira (cosa que la sociedad NT aprueba porque parece que le encantan las mentiras) con graves consecuencias para la salud del niñe.

Pero esto es lo que directa o indirectamente se les está pidiendo a estes niñes.

En el caso concreto del niño autista del que hablaba. Los padres, preocupados por su retoño, quieren que pase desapercibido para no ser el blanco de ningún desalmado. Y lo que hacen para lograr esto es torturar ellos mismos a su pequeño.

Sí, esto ocurre, además con la mejor de las intenciones, cosa que vuelve la situación aún más horrible.

Llevan el niño a ciertos tipos de terapia que tratan de eliminar sus conductas autistas, sus aleteos, su balanceo, su mirada “perdida” (que no está perdida pero bueno, eso se piensan). Así, el niño aprende que su forma de ser y de expresar su ser es errónea, está mal, hay que cambiarla, aunque duela. Es más importante lo que piensen los demás de sí mismo que lo que piense él de sí. No importa en qué tipo de persona quiere convertirse, sino qué tipo de persona quieren los demás que sea.

Así, con todo este capacitismo y misautismia interiorizadas es como el niño empieza a relacionarse por su cuenta con sus pares.

Habría que ser realmente iluso para creer que este niño no fuera a toparse con ningún bully a lo largo de toda su etapa vital. Y también hay que tener una buena dosis de ingenuidad para creer que este niño vaya a esquivar el radar de todos los bullys con los que se topará.

En mi opinión, no está en manos de los padres (ni de ningún mortal en general) evitar que sus hijes se encuentren en la vida con personas malvadas, personas perversas cuyo propósito o forma de conseguir sus propósitos es maltratando a otres. Lo que sí se puede hacer es otorgarles herramientas útiles para enfrentarse a este tipo de personas.

Una herramienta que me parece indispensable, para este y otros ámbitos en la vida, es una autoestima fortalecida. Una autoestima fuerte como un diamante. En cambio, según el caso que he relatado antes del niño que ha recibido “terapias” para “normalizar” su comportamiento y su expresión, para fingir y reprimir sus reacciones, su autoestima será frágil como un cristal quebrado, a punto de hacerse añicos.

La autoestima se potencia dándole valor a las características intrínsecas del individuo, porque son valiosas realmente. Y el autismo es una característica intrínseca de la persona que no se puede extraer de ella.

Ante un bully, ¿quién creéis que podrá enfrentarse mejor a un ataque verbal? ¿Un niño que lo único que ha aprendido de la gente que quiere es que está mal hecho y debe cambiar, o un niño al que siempre han admirado, al que han dado valor a sus cualidades, que sabe que está bien ser como es y no debe cambiar nada de sí mismo para ser aceptado?

¿Y ante un ataque físico?

¿Cuál de estos dos niños creéis que será más capaz de reconocer que está sufriendo una agresión inmerecida y cuál creerá que merece ser tratado con desprecio por haberse mostrado de una forma “incorrecta”?

Yo más claro no lo sé explicar, lo siento, pero es que me parece más que evidente cuál es el camino a seguir para empoderarnos a la gente autista desde que somos peques.

Otra herramienta que me parece muy útil en el caso del autismo es dejar siempre muy claro de quién es la responsabilidad de la agresión. Y esto es muy difícil de enseñar porque no paramos de recibir mensajes contradictorios por todos los medios. Yo, para mí misma, para saber si el sentimiento de culpa que me genera una situación determinada es legítimo o no, me planteo las siguientes cuestiones: (Pongamos por ejemplo que en un trabajo nuevo mi empleador me llama tonta tras tener un error).

  • ¿Ha sido decisión mía que me insulten?
  • ¿Ha sido decisión mía cometer el error?
  • ¿Es mi error causa del insulto o excusa para que me insulten?

El maltrato (y el abuso verbal por parte de figuras de autoridad es maltrato) no es una respuesta adecuada en ningún caso ante errores escolares o laborales o familiares.

Puedes asumir tu error y responsabilizarte de él. Pero eso no significa tener que encajar la bilis de un superior.

Saber los límites y definir estas situaciones es muy útil para las personas en el espectro. Muchísimo más que que nos enseñen de forma forzada a mirar a los ojos.

En fin, espero haber sido de ayuda. Recordad: un niñe que tiene el apoyo incondicional de su entorno (y no sólo el amor, tiene que ser un apoyo real), un niñe que se siente respaldado, aceptado y celebrado por sus seres queridos, será un niñe que podrá hacer frente a los desafíos que se pongan en su camino, incluso los que no deberían existir.

¡Hasta la próxima!

Imágenes de Pixabay