A veces, muchas veces, la sensación que tengo de mí misma es muy difusa. Es como estar y no estar al mismo tiempo, y ninguna de las dos cosas a la vez. Es como sentir que sueñas pero sin el encanto de las posibilidades oníricas.

Siempre me he definido como una autista de perfil principalmente hipersensible (al menos desde que me sé autista), esto significa que la mayoría de estímulos los percibo de manera intensa. No todos, claro, el patrón de sensibilidad sensorial, como el autismo en sí, es también un espectro, y como suelo decir, un espectro por el que se puede y suele transitar.

En cualquier caso, siempre me han dicho que soy “demasiado” sensible, y muy quejica. Es raro ¿no? Por una parte apenas me siento, como si estuviera hecha de ectoplasma y pudiera desvanecerme en las sombras. Por otro lado, casi cualquier estímulo me devuelve a mi cuerpo mediante el dolor, o algo que se le asemeja, y el placer.

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La alexitimia, esa palabra que describe mi falta de habilidad para identificar y reconocer mis propias emociones (y las ajenas) no significa que no las sienta, de hecho mi sentir emocional, al igual que el físico, se caracteriza por su abrumadora intensidad.

Mis pensamientos, esa corriente casi inagotable de palabras, ideas, imágenes, canciones, melodías, colores,… todo circulando por mi mente, dándole sentido a mis percepciones sensoriales y mis emociones. Claro que muchas veces parece que funcione con lag, con cierto retraso conforme llega el estímulo a mi cuerpo. Y si mi cuerpo, que soy YO, y mi mente, que también soy YO, tienen esa comunicación tan lenta y a veces impersonal, ¿cómo saber quién soy YO?

Si percibo las cosas de manera tan intensa, ¿por qué tengo una sensación tan débil de mí misma?

Porque muchas veces no sé dónde termino YO y empieza LO DEMÁS.

Para mí es normal y frecuente ir chocándome con lo que me rodea, muebles y paredes principalmente. No soy del todo consciente del espacio que ocupo en el mundo hasta que trato de invadir, sin querer, el espacio de otro objeto (o ser). Pero al revés también me sucede, al menos con las emociones.

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Una oleada de malestar me asalta y no sé de dónde proviene. Si estoy en una habitación con más gente, es posible que el malestar que sacude mis entrañas se haya originado en el pecho de mi madre, enojada con el mundo, o en el corazón de mi hermana, desbordada de tristeza, o con la desazón de mi encargada, preocupada por el devenir de mi empresa, o de la angustia de mi marido, por la ansiedad de la precariedad económica. Es posible que ese malestar provenga de mí misma, no me faltan motivos para que mis sentimientos más desagradables despierten, pero ¿ha sido por algo ocurrido ahora?, ¿o es uno de esos sentimientos que llegan con desfase?

¿Cómo ser yo si no puedo definir mis límites ni en el espacio ni en el tiempo?

Creo que si en mi infancia y mi adolescencia descubrí la satisfacción de las autolesiones, del dolor físico, del vértigo, de las emociones más viscerales como el desamor y el enamoramiento, los celos y la ira, fue para intentar encontrarme, marcar las líneas divisorias entre YO y todo lo que no era (soy) YO. Pero son líneas marcadas con tiza, o polvo, o arena, y se difuminan con pasmosa facilidad.

Siento hambre y al instante siguiente dejo de sentirla, va y viene como mi propia corporeidad. Las tripas me regañan con dolor por haber olvidado aliviarlas, pero es que había olvidado incluso que estaban ahí. En los días más difusos hasta a mis pies les cuesta sentir el suelo y a mis manos lo que sujetan, rompiendo(me) todo a mi incierto paso.

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Soy autista, y es una vil mentira lo que dicen de nosotres, que estamos en nuestro mundo. No es cierto, estamos en este mundo, el que compartimos con la gente NT, la gente alista y el resto de criaturas, fenómenos, fuerzas, materia y energía.

Lo que ocurre es que mi forma de estar en este mundo no se parece demasiado a la forma en que las personas neurotípicas (NT) están en el mundo, pero eso no le da derecho a nadie a menospreciarme ni a tratar de expulsarme de aquí.

Puede que no tenga claro quién o qué soy YO, dónde empiezo y dónde acabo, pero eso jamás será excusa para que otres tengan derecho a la impunidad de pisotear ese YO. Al fin y al cabo, YO es todo lo que soy y todo lo que tengo.

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