Acabamos de empezar el año y la gente se llena de buenos propósitos. Me gustaría compartir aquí un buen propósito que todo el mundo puede cumplir si lo desea.

Supongamos que nace una persona con la capacidad de volar. ¿Le impediríais de alguna manera que aprendiera a utilizar esa capacidad, le prohibiríais alzar el vuelo, se lo ocultaríais para evitar que volara?

Ahora supongamos el caso contrario, supongamos que la mayoría de las personas somos capaces de volar y nace una en vuestro entorno que no dispone de esa capacidad. Puede que al principio no os déis cuenta pero cuando ya se hace patente que esa persona no puede volar ni aprender a hacerlo, ¿os empeñaríais en obligarle a volar, a pesar de poner en riesgo la salud (e incluso la vida) de esa persona? ¿Os taparíais los ojos para no ver ese riesgo con tal de que lo siga intentando y parezca como el resto del mundo?

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Estas situaciones descritas son una analogía (que espero cualquiera pueda comprender) sobre cómo funciona la educación en nuestra sociedad, y no me refiero sólo a la educación reglada (escuela y demás), ni a la que se imparte a les niñes. Cualquiera que no encaje en el molde de lo común va a sufrir porque va a haber gente que va a tratar de meterle en ese molde a la fuerza, o por lo menos que finja que encaja en él. La comunidad autista conocemos muy bien este tema, pero no somos la única comunidad que, por desgracia, ha sufrido esta “normalización” a la fuerza.

Desde pequeñes nos enseñan qué debemos ser y cómo debemos serlo.

¿Quienes nos enseñan?

Todes. Todes enseñamos a todo el mundo, aunque obviamente el alcance y la autoridad de nuestras enseñanzas son muy diferentes entre nosotres. No es lo mismo la autoridad que ejerce la escuela o la familia con la que puede ejercer une desconocide. No tienen la misma influencia la televisión, diversos medios de comunicación y entretenimiento y las amistades cercanas que una blogger casi anónima como yo (por ejemplo). Aún así, todes aportamos nuestro granito de arena (o nuestro montón de arena o nuestro castillo entero) en la cultura que creamos, con nuestros actos y palabras, y la cultura es la fuente de la que bebe toda educación.

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¿Qué debemos ser?

En el contexto de esta página, el autismo, nos enseñan (por todos los medios mencionados y seguramente otros) que lo que debemos ser es NT, personas lo más normales posible, o que lo parezcamos al menos. Es imposible que una persona autista  se convierta en NT, igual que es imposible que por arte de magia podamos volar. Algunes sí podemos fingir (más o menos, mejor o peor) pero a un elevado coste personal: depresión, ansiedad, traumas, etc. También nos enseñan que en caso de “elegir” no ser normales (como si fuera una elección, se nota que no se comprende apenas nada sobre el cerebro humano) también pagaremos un precio: exclusión social, precariedad laboral, agresiones,… Una bonita lección ¿verdad? (Esto es sarcasmo).

¿Cómo debemos serlo?

Aquí podría extenderme bastante así que trataré de resumir. Las personas autistas A VECES sí podemos hacer cosas que les NT consideran normales y/o deseables. Pondré como ejemplo el hablar. Muches autistas podemos hablar. Ahora bien, esto muchas veces no es suficiente para las exigencias de la sociedad NT. Debemos hablar, por imposición social, de la forma que se considera apropiada, no como a nosotres nos resulta más cómoda y natural. No podemos hablar de forma directa, franca y honesta sin sufrir unas graves consecuencias (y no me refiero sólo a aprender a tener tacto para no herir a les demás al hablar, sino a todo el entramado comunicativo de la hipocresía, las mentiras, la edulcoración, la doble intencionalidad, el sarcasmo y un largo etcétera). Es decir, no sólo debemos ser algo determinado que no somos sino que ni siquiera podemos hacerlo a nuestra manera cuando tratamos de serlo. Muches somos capaces de aprender (a pesar de que el autismo todavía se considere un trastorno generalizado del desarrollo) y, de hecho, aprendemos un montón de cosas (a sobrevivir en un mundo que nos es hostil por ejemplo) pero muches, por no decir todes, tenemos la sensación de que la forma que tienen les demás de enseñarnos no es la adecuada para nosotres, y no sólo un gran porcentaje de gente no está dispuesta a cambiar su modo de enseñanza para adecuarlo a nuestras capacidades, sino que se nos considera un lastre (y cosas peores) por no “querer” aprender según los métodos por los que aprende la mayoría de la gente.

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Ahora que he señalado que todes somos responsables sobre la educación de les demás, desearía que uno de los propósitos para este año sea que nos volvamos más conscientes del daño que podemos ocasionar por nuestra estrechez de miras y por nuestra obstinación de hacer que otres hagan las cosas siempre de la misma forma, por comodidad o por obcecación o porque es la que consideramos válida. Propongámonos respetar a las personas sea cual sea su neurotipo, (y sus enfermedades mentales, su identidad, su orientación sexual, su religión, su etnia o raza, su imagen corporal,…) y aprendamos que para ejercer ese respeto el primer paso siempre es modificar la forma en que creemos que funciona el mundo y no darlo por sentado sólo porque así nos lo han enseñado.

¡Feliz año!

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