La gente y la comida tenemos una relación intensa y extraña. La necesitamos para vivir, a veces disfrutamos de ella, otras la odiamos, otras nos cuestionamos qué debemos comer por salud, o por conciencia social, o por los cánones de belleza impuestos por la sociedad (no sólo se nos impone un neurotipo como el deseable y correcto, también unas características físicas y un sinfín más de movidas en las que ahora no me voy a meter porque me disperso).

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La gente autista en general tenemos una relación todavía más intensa y extraña con la comida si cabe, y por varios motivos:

  • Tema sensorial. La comida nos afecta en los cinco sentidos principales: gusto, tacto, olfato, vista y oído (el ruido que hace algo cuando lo manipulamos o masticamos). Como a la peña autista nos suele pasar que somos hiper/hipo sensibles sensorialmente, lo de la comida se puede convertir en un éxtasis o un infierno gustativo. Por ejemplo: desde pequeña hasta ahora he sido incapaz de comerme una aceituna. Hasta tener una a la vista me causa rechazo. No sé si es por el color, la forma, el tacto, el olor,… el caso es que no puedo con las olivas, no las quiero ni cerca y si ponen un plato en la mesa me pongo en tensión. Tampoco puedo comer nada que haya tocado la aceituna (si la han puesto en la ensalada). Afortunadamente para mí, nadie me ha obligado nunca a comerme ninguna.
  • Tema social. Reconozcámoslo, la comida es un acto social en prácticamente todas las culturas conocidas. Es un ritual, conlleva protocolos (diferentes según dónde lo hagamos, ya sea en una casa ajena a la vuelta de la esquina o en la otra punta del globo) y se suele realizar en comunidad. Comer en solitario es algo que, según el imaginario colectivo debido al cine y las series, sólo hace la gente triste, deprimida, estresada por el trabajo, y antisocial en general (y claro, esas características son condenadas por la sociedad). Uno de los aspectos por los que más nos machacan les alistas y neurotípicos es por el tema social. Tener que conversar y comer a la vez, mientras la televisión está encendida y a un volumen alto probablemente, escuchar las voces y los ruidos de les demás,… puede ser insoportable. Y pocas veces se nos entiende. (Y todo esto sumado a los olores intensos de la comida y lo que he comentado antes del tema sensorial).
  • Tema control. Los imprevistos, lo inesperado, las sorpresas y el no tener el control suelen ser cosas desagradables para nosotres (no siempre, no en todos los casos, es una generalización, no me malinterpretéis). ¿Sabíais que hay un elevadísimo porcentaje de chiques autistas que desarrolla anorexia y otros trastornos de la conducta alimentaria? De hecho se cree que el 40% de la población con anorexia es autista. También tengo la sensación (es una sospecha no confirmada) de que también la gente autista somos más proclives a desarrollar sobrepeso (por no querer salir de casa por ejemplo) y pica (por ansiedad tal vez). En cualquier caso, ¿qué tiene que ver el control con los TCA? Pues según con todas las personas con las que he hablado que han desarrollado algún TCA la relación entre control y TCA es estrecha. Mi relación con el control es estrecha. Cuando no tengo el control mi ansiedad se dispara, la depresión se me agudiza y me paralizo. La comida es algo sencillo, tangible y de fácil alcance sobre lo que puedo, podemos, tener el control. Sobretodo al crecer, ya que en la infancia es normal que se nos imponga una dieta controlada y nos obliguen a comer cosas que odiamos. Es natural y lógico que luego queramos tener un control férreo sobre nuestra alimentación, para no volver a sufrir.

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Mi caso no fue el típico, la verdad es que en el tema de la comida mis padres me consintieron bastante. Casi siempre comía las mismas cosas: sopa de fideos, tortilla a la francesa o de patatas, patatas fritas y leche, muchísima leche con cacao. Creo que en este sentido particular, tuve mucha suerte. Me dejaron explorar los sabores y los alimentos conforme me sentía preparada para ellos. A mi padre le entusiasmaba tanto cocinar que me contagió su afición y quise aprender a muy temprana edad a cocinar. Creo que cocinar mi propia comida ha sido lo que mejor me podía pasar a nivel de equilibrar mi dieta. Fue lo que más me impulsó a querer probar nuevos sabores, texturas, a perderle miedo a lo desconocido, culinariamente hablando. Con mi hermana este sistema también funcionó: pasó de comer sólo bolitas de patata y carne procesada a alimentarse además de pasta, verduras, pescado,…

Tanto ella como yo somos ahora grandes cocineras de estar por casa, y después de conocer a más gente autista interesada en la cocina he de decir que me planteo la hipótesis de que cocinamos mejor que una persona promedio. Creo que se debe en parte a la hipersensibilidad sensorial, pero vamos, esto son especulaciones mías que poco vienen al caso.

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¿Qué quiero comunicar con esta entrada?

Pues primero decirle a la gente autista que me lee que no está mal tener gustos restrictivos con la comida. Eso de que “hay que comer de todo” está muy manido, y la gente vegana ha demostrado que no, no es necesario “comer de todo” para estar saludable. (Aún así nunca está de más hacerse un chequeo de vez en cuando y usar las herramientas a nuestra disposición para mejorar nuestra dieta, si es nuestra elección). También quiero mostrar mi apoyo a la peña autista que ha desarrollado un TCA por los motivos que sean. No sé lo suficiente de este tema para ser de gran ayuda, pero tenéis mi comprensión. No os juzgo.

Segundo, a la gente alista que se encarga de cuidar a peques autistas: por favor, no les torturéis con la comida, no les obliguéis a comer cosas que repudian con fervor, igual es por un tema sensorial y creedme, no es nada agradable. Considero mucho mejor y más sano (física y mentalmente) que les permitáis su propio ritmo a la hora de probar comidas nuevas en vez de imponerlas a la fuerza. Es mejor tratar de crear el deseo en elles que hacer que aborrezcan algo tan primordial como es comer. Puede ser un proceso lento y tedioso, y también preocupante, lo entiendo, pero yo que he vivido el otro lado no creo que sea justificable ese nivel de sufrimiento (aunque con mi padre y mi madre tuve suerte, no tuve tanta ni en el comedor escolar ni con mis abuelas, claro que eso sólo eran momentos puntuales).

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Buen provecho y hasta la próxima.

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