Los cerebros NT son como coches, pequeños, rápidos y ágiles. Los cerebros autistas son como camiones, pesados, grandes, más difíciles de conducir pero capaces de llevar más cosas. Lo malo no es que haya coches y camiones, o que haya más coches que camiones, el problema es cuando se pretende que un camión haga lo mismo que un coche sólo por tener ruedas y volante.

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Lara ya escribió una analogía muy similar sobre las diferencias entre cerebros NT y neurodivergentes en una entrada que recomiendo encarecidamente. Yo también quería explicarlo a mi modo, para recalcar el concepto de Lara y cada vez sea más comprensible para las mentes alistas la forma en que pensamos y sentimos la gente autista. También escribí yo misma una fábula para entender el autismo comparándolo con perros y gatos. Este es un texto más para expresar cómo es ser autista en un mundo neurotípico desde mi punto de vista.

El mundo está plagado de coches. Los coches son el vehículo predominante y todo parece hecho a su medida: las carreteras, las ciudades, las gasolineras,… Sin embargo, a casi nadie le pasa desapercibido que existen otro tipo de vehículos circulando al mismo tiempo que los coches: bicicletas, motos, furgonetas, camiones,… Una mente neurodivergente es como uno de estos otros vehículos minoritarios, con unas capacidades diferentes pero no por ello menos valiosas ni, desde luego, con menos derecho a circular por el mundo aunque no esté hecho a su medida.

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Es demasiado frecuente que los coches, los reyes de la carretera, sean desconsiderados con el resto de vehículos, que no los crean merecedores de los mismos derechos que ellos por ser diferentes. ¿Quién no ha visto alguna vez algún coche furioso e impaciente con una bicicleta por su lentitud, con una moto por ser capaz de colarse entre el tráfico o con un camión por bloquear el paso y tener que descender el ritmo de su carrera? No es que todos los coches sean así, pero sin duda la gran mayoría del resto de vehículos hemos sufrido la intolerancia de coches intransigentes que creen que la carretera les pertenece sólo a ellos.

Yo creo que el cerebro autista, el mío al menos, es como un camión, uno no muy grande, pero que salta a la vista que no es un coche de ningún tipo. Mi cerebro no puede ir a la misma velocidad que uno neurotípico, es imposible. Si le exijo ese esfuerzo puedo destrozar partes importantes: el motor, los frenos, la dirección,… Corro el peligro de estamparme, de tener un accidente, de quedarme varada en la cuneta. Hasta hace relativamente poco me sentía culpable por no ser capaz de hacer las mismas cosas que un coche, aunque supiera que no era un coche. En vez de centrarme en las cosas que sí podía hacer, cosas que igual un coche corriente no tiene la capacidad de hacer, me centré en intentar ser como un coche, hacer lo que hacían los coches, parecerme lo más posible a un coche. Esto es insalubre se mire por donde se mire.

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Los vehículos que no son coches tienen capacidades asombrosas que al parecer el mundo no valora ni tiene en cuenta, porque no son coches. Aunque se han hecho progresos para integrar e incluir a otros vehículos (carriles bici, aparcamiento para motos, normativas de seguridad,…) no es ni mucho menos suficiente para que alguien que no sea como un coche circule tranquilamente por la carretera. Cuando ese día llegue, al fin viviré (si llego a vivir tanto) en el mundo que deseo construir.

Yo soy como un camión: grande y pesada, con bastante capacidad de almacenamiento, fuerte, resistente. También soy lenta, necesito repostar más a menudo porque consumo mucho más combustible que un coche, necesito encontrar aparcamientos especiales que cubran las dimensiones de mis necesidades. Y mi bocina suena bastante diferente que la de los coches, tal vez por eso la uso menos. Es imprescindible, para mi seguridad y la del resto, que el espacio de seguridad sea más amplio que entre los coches corrientes. Aún con todo, ¿qué sería del mundo sin camiones? Habría cosas que sencillamente no se podrían haber conseguido.

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La neurodiversidad es valiosa, el movimiento por la neurodiversidad trata de hacer comprender este concepto y exigir nuestro lugar en el mundo, uno que no sea marginal, que no sea motivo de burla, acoso ni compasión, un lugar por derecho propio como integrantes de esta sociedad diversa que trata de imponer una normalidad dañina, en vez de aceptar que lo normal es ser diferente y que eso está bien, muy bien.

Espero que os haya gustado esta entrada, otras que os pueden resultar interesantes para comprender mejor el autismo en el contexto de una sociedad NT son:

 ¡Hasta la próxima!

 

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