Hay una cosa que me molesta bastante del mundo neurotípico y su mirada capacitista. Bueno, en realidad son bastantes cosas las que me molestan, pero hoy hablaré de una en concreto: cómo obvian en considerables ocasiones nuestra hipo/hipersensibilidad sensorial.

Aunque hay ya algunos vídeos que explican de una forma bastante precisa lo que podemos llegar a sentir las personas en el espectro autista con respecto a la información que llega a través de nuestros sentidos, y un buen puñado de testimonios tanto de personas verbales como no verbales, parece que no es suficiente para que se tenga en cuenta tanto a la hora de tratar con nosotres como a la hora de estudiarnos (cosa que odio bastante).

Cuando no se tiene en cuenta esto, nuestra hipo/hipersensibilidad sensorial, que además se presenta de forma diferente no sólo en cada persona autista sino en cada momento según el resto de circunstancias, es muy fácil (y despreciable) malinterpretar nuestra conducta. Voy a poner algunos ejemplo y es probable que sean gráficos y desagradables, aviso para que tengáis cuidado y os protejáis.

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Ejemplo 1: Voy por la calle y oigo un bocinazo repentino. Mi reacción puede ser llorar, gritar, taparme los oídos, dar pequeños saltitos o dar vueltas sobre mí misma. O todo a la vez. Visto desde fuera por una persona alista lo más probable es que se extrañe de mi comportamiento y se aparte de mí por considerarme una loca peligrosa (para la gente neurotípica, locura es igual a peligro, siempre). Si fuera una niña, se achacaría esta conducta a una rabieta infantil por estar consentida y sería bien visto proporcionarme algún tipo de castigo correctivo.

Ahora supongamos que lo que ocurre no es un simple bocinazo de un conductor impaciente, supongamos que lo que ocurre es que me he caído por un hoyo de dos metros de profundidad, y me he hecho daño, mucho daño. Si gritase, si llorara, si saltara para tratar de huir de ahí, no se consideraría un comportamiento inadecuado según la mirada neurotípica, sería lógico y proporcionado a las circunstancias.

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Bien, pues voy a decir algo que seguramente sorprenda pero que a estas alturas no debería sorprender a nadie, al menos a nadie que se haya relacionado mínimamente con una persona autista (con hipersensibilidad auditiva en este caso): ese bocinazo del ejemplo duele tanto como si me clavaran tenedores en el oído que llegaran al cerebro. ¿Os parece exagerado o demasiado dramático? Pues imaginad tener que lidiar con ello cada día, todos los días. LOS RUIDOS ME DUELEN. LOS RUIDOS SON DOLOR. No todos, pero sí un buen número de ellos.

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Obviamente, este es mi caso particular, pero no conozco a demasiades autistas que no posean algún rasgo sensorial notoriamente diferente de la media neurotípica.

Ejemplo 2: Poseo otro tipo de hipersensibilidad, no recuerdo ahora mismo las palabras técnicas para describirla pero es fácil de explicar, quizá no tanto de entender si no se vive en primera persona. Me refiero a la hipersensibilidad a estímulos simultáneos. Describo el ejemplo: me encuentro en una habitación con varias personas, cinco, por decir un número que me puede sobrepasar. Al principio estoy bien, hemos quedado para ver una película que me interesa, todo el mundo está concentrade en la trama. La película termina y empieza el caos. Todes quieren comentarla, todes al mismo tiempo, sin respetar turnos, ni tonos de voz. ¡Incluso se ponen a hacer otras cosas como servir bebidas, comer cosas crujientes, jugar con el móvil y más cosas que implican ruido y movimiento! Si no me prestan atención puedo alejarme mentalmente de todo (a veces) o ir al baño a descansar. Lo malo es cuando más de dos o tres no dejan de preguntarme cosas, cosas diferentes, sumado a los ruidos de fondo, al movimiento. Entonces colapso. De adulta puedo reaccionar de varias formas: salir corriendo del lugar y huir (es literal, no una metáfora. De verdad, lo he hecho), elevar el tono y dar órdenes a todes sobre el orden que deben seguir para preguntarme, o esconderme (una vez lo hice detrás de mi pareja, que estaba a mi lado, y no saqué la cara de su espalda hasta que todes se hubieron marchado. Entonces todavía no sabía que era autista). Esto es lo mejor que he aprendido a gestionar este tema. De niña, en cambio, un colapso de este tipo significaba quedarme callada, sufriendo en silencio, al borde del llanto, incapaz de moverme ni gesticular. A veces me sigue pasando, pero de niña era lo más habitual. A veces, todo terminaba con una agresión por mi parte hacia la fuente de mi sufrimiento.

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Lo que yo percibía como confusión, dolor, parálisis e incapacidad, les demás (alistas, obviamente), lo percibían e interpretaban como rebeldía, chulería, desprecio y todo ese tipo de calificativos que se llevan les niñes que no son sumises y obedientes. De adulta también me pasa, especialmente en los trabajos, donde la jerarquía sigue siendo estricta (de niña casi todas las relaciones se basan en la jerarquía, a quién debía obedecer, a quién debía hacer caso, a quién debía pedir permiso, etc. De adulta esto, con suerte, ya sólo me pasará en el entorno laboral). Me castigaron muchas veces por colapsar. Muchas. Así es como se trataba de resolver mi “problema de conducta“.

A ver cómo lo explico para que una mente neurotípica lo entienda: imaginad que estáis en una habitación con esas cinco personas, y esas cinco personas, mientras os reclaman atención os dan pellizcos por todo el cuerpo. Pellizcos de los que duelen y dejan marca. ¿No sería una reacción lógica y natural salir huyendo, gritar o incluso golpear a esas personas con afán de defenderse? Porque así es como reacciona mucha gente autista, así es como he reaccionado muchas veces yo. Aunque nadie me toque, puedo sentir como si me pellizcaran por todo el cerebro.

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No sé si esto ayuda a alguien a saber lo horrible que es en realidad que traten de cambiar nuestro comportamiento, nuestras reacciones, sin tener en consideración lo que sentimos o cómo lo sentimos. El mensaje que me transmite esto es que no importamos, no importa qué sintamos, no importa nuestro dolor, nuestra forma de percibir el mundo. Lo único que importa es que no molestemos a la gente neurotípica, que nos portemos como elles consideren oportuno, que estemos calladites, salvo cuando nos obligan a hablar, pero de lo que elles quieren.

Habría muchos muchos muchos ejemplos de otras hipo/hipersensibilidades, como al tacto, a los olores, a la propiocepción, al sistema vestibular, a la luz,… Si no sentimos como el resto del mundo, como la mayoría, nuestras reacciones no serán nunca como las de la mayoría, las de las personas alistas. Y si se obvia esto, se nos está obviando a nosotres. Es casi, o así lo siento, como si nos negaran la existencia salvo que seamos capaces de encajar, a la fuerza si es necesario, dentro del molde de la normalidad.

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(Otro día explicaré por qué me parece horrible el planteamiento de que se cambie también nuestra sensibilidad divergente. Por lo que he contado hoy parece que el mundo es un lugar horrible para mis sentidos, pero no es el caso, o no lo es la mayor parte del tiempo).

 

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