Si lo normal fuera que todes naciéramos y nos desarrolláramos de la misma manera y que termináramos siendo prácticamente iguales, hiciéramos lo que hiciéramos durante nuestro crecimiento personal, no existirían los sistemas actualmente vigentes que tratan de “normalizar” a la gente. Cuando hablo de normalizar, hablo precisamente de esas formas que tiene la sociedad de convertirnos, de forma sutil o directa, en personas más o menos idénticas unas de otras: con gustos parecidos, ideales parecidos, pensamientos parecidos,… (esto a las empresas les suele venir muy bien para vender sus productos de forma masiva, por poner un ejemplo muy obvio).

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Si lo común fuera que naciéramos ya con esa “normalidad” innata, el sistema educativo no sería tal y como lo conocemos y padecemos. No sería necesaria una regulación para que todes aprendiéramos las mismas cosas, y de la misma manera, desde la infancia hasta la adolescencia. ¿Por qué no potenciar los talentos innatos de cada une? Y no me refiero a los gustos, que pueden ser muy cambiantes (yo he querido ser desde piloto de avión a diseñadora de moda). Me refiero a que si algo se nos da bien y lo gozamos con cinco, seis, siete años, ¿por qué no se puede potenciar eso? A mí me gustaban muchas cosas, pero tenía poca memoria, ¿por qué no dejarme leer y leer sobre temas que me interesaban: historia, biología, literatura,…? Odiaba los exámenes, sólo quería saber más, no ponerme a prueba. Habría niñes que destacarían en arte, tecnología, capacidad de redacción, en mates, en educación física. Si nos enseñaran que precisamente lo que nos gusta y donde destacamos es importante, que podemos dedicar a ello nuestra energía, sería un refuerzo para la autoestima muy potente, y también crearía una sociedad mucho más diversa.
La excusa que me he encontrado es que para que las oportunidades de todes sean las mismas, todes debemos aprender lo mismo, pero es una falacia. No todes tenemos las mismas oportunidades a pesar de estudiar lo mismo, ni tampoco aprendemos lo mismo ya que nuestras fortalezas y preferencias no son las mismas. Sin embargo, para el sistema es mucho más cómodo que nos enseñen lo mismo y de la misma forma, a pesar del sufrimiento que pueda ocasionar.

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Otra forma de “normalizarnos” que he visto es hacer que odiemos lo diferente, lo temamos, sintamos aversión por ello. De esta forma somos nosotres mismes quienes nos juzgamos y tratamos interiormente de semejarnos a lo normal lo más posible. Los ejemplos de esto son innumerables: desde los medios y las redes sociales azuzan nuestro temor y nuestro odio hacia las personas migrantes, las racializadas, las feministas, las transexuales, las locas,… Antaño el miedo se focalizaba en la gente zurda, en las brujas, en les extranjeres (eso creo que no ha cambiado) y a saber en cuántas personas más que se salieran mínimamente de la norma.

En este caso, ostento privilegios de blanca no migrante, así que en ese sentido no me he visto forzada a “normalizarme” (si queréis saber más sobre los procesos de normalización de personas no blancas e inmigrantes hay información en la red, escuchad sus propias voces). En cambio, sí puedo hablar del proceso de “normalización” que he sufrido por ser autista (a pesar de no saber que lo era o, precisamente por no saberlo). A mí se me ha castigado cada vez que he actuado fuera de la normalidad. Me han echado de trabajos por no saber cómo actuar correctamente ante los jefes, por ser honesta o por tratar de evitarlos. En el colegio y en mi casa se han ignorado mis necesidades porque era más cómodo pensar que exageraba, que estaba malcriada, que era una consentida, una niña susceptible e irascible. Mi forma de protegerme fue ponerme un disfraz, fingir, actuar. Esto conlleva mucho sufrimiento y, a la larga, es insostenible. No es sólo que perdiera la cordura, me perdí a mí misma, no sabía quién era.

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Si yo, de forma consciente e inconsciente, he tratado de parecerme a lo que se considera normal, ¿cuánta gente hará lo mismo? He descubierto que mucha, pienso que la mayoría. ¿Cuánta gente estará metida en diversos armarios (metafóricos), temerosa de mostrarse tal cual es?

Por ello, lo normal, lo habitual, es ser diferente, pero todes (o casi) nos mutilamos para encajar. Eso es lo que creo que es un “proceso de normalización”, una mutilación en toda regla. Una tortura. Así que o dejamos de ver normal esta situación, o de verdad que nos vamos a la mierda como sociedad (así pienso al menos).

Estas elucubraciones están sujetas a revisión constante por mi parte. Mi pensamiento y mis conclusiones no se detienen, siempre estoy dispuesta a ampliar mi percepción, así que si queréis comentar, añadir o criticar desde el respeto a mi persona me encantaría escucharos.

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