Todo lo que escribo es susceptible de ser contenido sensible, difícil de leer para algunes, imposible para otres sin sufrir daño, pero esta entrada en concreto es especialmente peliaguda. Por favor, tened cuidado.

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Las reglas del consentimiento sexual estipulan que con un “no” es suficiente para no hacer nada que no quiera hacer. Si esto es ya de por sí una trampa para cualquier mujer, para una autista (y me imagino que para mujeres con otro tipo de neurodiversidades) lo es mucho más. Hablaré por mí, como siempre, pero por desgracia sé a ciencia cierta que es una realidad para la gran mayoría de mujeres en el espectro autista (puede que también sea una realidad para hombres y personas no binarias pero esos datos los desconozco, lo siento).

Ya he comentado anteriormente lo difícil que es para mí reconocer mis propias emociones y lo complaciente que puedo llegar a ser. Imaginad, dadas estas características de mi personalidad y mi neurotipo, sumado a una ingenuidad bastante propia del autismo, los peligros y abusos a los que me he visto expuesta en lo referente a las relaciones sexo-afectivas.

Voy a narrar un suceso, algo que me ocurrió, algo que todavía no he procesado del todo, pero lo quiero compartir por una sencilla razón: no quiero que les pase a otras lo que me pasó a mí, y si mi experiencia ayuda a concienciar sobre nuestra vulnerabilidad (y sobre el asco que da el mundo, así en general) me siento en la obligación de compartirla.

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Recuerdo una ocasión en la que estaba con mi ex. Nuestra relación llevaba mucho tiempo agonizando; de hecho, yo quería romper, huir de su lado, pero no sabía cómo. Él, por el contrario, se aferraba con más fuerza a nuestra relación, quería mantenerme a su lado a toda costa, pese a mi sufrimiento, pese a la ausencia de amor por ambas partes. Una noche me insistió para que nos acostáramos. Usó el clásico y manido, y no por ello menos efectivo, chantaje emocional. Durante muchos años había sido yo la que le había mendigado sexo e intimidad y utilizó eso en mi contra. Las propias palabras que yo había empleado con él para que me tocara, me abrazara, me besara y me hiciera el amor, las envenenó con su lengua manipuladora para convencerme de follar con él una vez más. Y lo consiguió, vaya que si lo consiguió.

Si después de decir diez veces “no”, dices “sí”, has dado tu consentimiento y no tienes motivos para quejarte después. Así pensaba, así me lo había inculcado la sociedad.

Besarle me resultó desagradable. Que pusiera sus manos sobre mi cuerpo me dio dentera, me repugnó. Desnudarme ante él me pareció violento. No quería hacerlo, era lo último que quería hacer. Deseaba que terminara rápido y el caso es que no sabía por qué, no sabía identificar todas estas sensaciones. “Si lo he hecho mil veces, qué más me da una vez más” es lo que me decía a mí misma mientras me ponía de cara a la cama, él levantaba mis caderas y me penetraba. No opuse resistencia, es verdad. No me revolví, no me defendí. No dije que no, no dije que parase. No me estaba haciendo daño, no a nivel físico al menos. Y, aún así, empecé a sollozar de forma audible. Mis lágrimas salpicaron las sábanas revueltas. Sumergí mi rostro en la almohada para ahogar mi lamento, no quería que se enterase, no quería que se diera cuenta, no quería hacerle pasar un mal trago por mi culpa.

Cuando terminó, mientras se vestía, me dijo: «podrías haberte ahorrado el llanto, me has cortado el rollo». No recuerdo nada más de aquel día. Mi memoria se detiene ahí.

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No creo que sean suficientemente explícitas en general, y menos para personas autistas, las reglas no escritas pero vigentes sobre el consentimiento. No es suficiente para nosotres la educación sexual (que debería ser sexo-afectiva) en las escuelas y en la mayoría de hogares normotípicos. Yo, y más gente dentro del espectro autista, necesitamos LITERALIDAD, CONCRECIÓN, PRECISIÖN en la comunicación para entender el mensaje. Si en otras facetas de la vida me es imprescindible (cuando me mandaban tareas de clase o en el trabajo), ¿cómo no va a serlo en este terreno donde los mensajes que se obtienen de los medios y de la cultura que vivimos son tan (absurdamente) confusos?

¿Para cuándo la regla básica del consentimiento será el precepto de que, si quieres hacer algo con alguien, que ese alguien tenga las mismas ganas que tú de hacerlo contigo? Sinceramente, a mí no me atrae la idea de intimar con alguien que no se muera de ganas de intimar conmigo también. (Sí, es una metáfora, sé hacerlas de vez en cuando).

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Si eres autista (o estás al cargo de la educación de una persona autista), aquí van unas cuantas recomendaciones personales* en materia sexo-afectiva:

  • Tu cuerpo es tuyo, de nadie más.
  • Tienes derecho al placer, no tienes derecho a buscarlo a costa del sufrimiento ajeno.
  • Tienes derecho a seguir tu propio ritmo. Que nadie te obligue a tomar decisiones o a actuar a una velocidad en la que no te sientas cómode.
  • Las relaciones íntimas conllevan una serie de responsabilidades y derechos para las partes que intervienen. Es tu responsabilidad (en parte) hacer que tu pareja sexual (o parejas) se sienta cómoda, deseada y que tenga la libertad de expresar sus deseos. Por tu parte, tienes derecho a sentirte cómode, deseade y a sentirte libre de expresar tus deseos. Ninguna de las partes tiene la obligación de satisfacer esos deseos y, desde luego, si en algún momento no estás cómode o te invade una sensación desagradable, aunque desconozcas su origen, estás en pleno derecho a parar e interrumpir temporal o definitivamente el encuentro íntimo.
  • El mundo NT es confuso, tienes derecho a pedir explicaciones concretas aunque crean que se sienten incómodes por tus preguntas. (Se sienten incómodes por tabúes culturales, no tienes nada que ver con ello).
  • Hasta con los pantalones bajados o incluso en pleno acto sexual tienes derecho a parar, protegerte, cuidarte. No tenemos que aguantar que nos hagan daño, sea físico, sensorial, psíquico o emocional. No debes temer herir los sentimientos de la otra persona por esto, si es una persona decente no querrá ocasionarte daño inconscientemente y te agradecerá que no te fuerces a hacer algo desagradable para ti.
  • No te creas todo lo que te dicen, fíate de tu forma de analizarlo todo, sé tan crítica/o/e y exigente con les demás como lo eres contigo (como mínimo).
  • Se trata de disfrutar juntes, no de complacer a la(s) otra(s) persona(s).
  • Si necesitas dejar las cosas claras, tener planeado cómo va a ser un encuentro, establecer qué te gusta hacer, qué no, que estás dispueste a probar etc, no te cortes. Es una necesidad legítima. No permitas que tus compañeres sexuales te hagan sentir mal por esta forma de actuar (pueden decirte que eres muy rígide, muy rare, que a elles les gusta más dejarse llevar y un montón de mierda capacitista para normalizarte a costa de tu sufrimiento).
  • Aléjate de las personas que no están dispuestas a revisarse sus privilegios neurotípicos o alistas, que no creen que te estén oprimiendo, de toda esa gente que dice que exageras, que no eres normal, que debes hacer las cosas a su modo. Aléjate, en serio. Huye y no mires atrás.
  • Si, por desgracia, alguien se aprovecha de su privilegio neurotípico o alista (sea consciente o no) y te hace pasar por una situación desagradable o incluso traumática (como me pasó a mí, como les pasa a tantes), se puede superar. Hoy por hoy disfruto de una relación de pareja sana y satisfactoria y soy más que capaz de gozar de mi cuerpo y mis sentidos en materia sexual. Quiero creer que para todes, por mal que lo podamos pasar en un momento determinado, tenemos la oportunidad de dejar el dolor atrás y encontrar nuestro camino a la felicidad (sea con pareja, sin pareja, con muchas parejas, con relaciones sexuales, sin ellas o sólo contigo misme)

Por el momento no se me ocurre nada más. De nuevo, siento la falta de cohesión del texto, hago lo que puedo. Mientras os sea útil a mí me vale.

* Que sean personales quiere decir, como ya dije anteriormente, que están diseñadas bajo mi punto de vista, el cual no tiene por qué coincidir con otras personas autistas. Yo no soy portavoz de nadie, pero es cierto que igual que yo comparto y me identifico con otras voces en el espectro autista, supongo que al revés también puede suceder. 

 

 

 

 

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