Me siento tan cansada, tan, tan cansada. ¿Cómo puede ser feliz la gente en este sistema? Trabajar cuarenta horas a la semana en algo que no me apasiona y que ni siquiera me gusta, algo que no se me da bien, algo tan neurotípico que me siento una inútil la mayor parte del tiempo. Durante cuarenta horas a la semana me fuerzo hasta el límite de mi resistencia sensorial y social para ganar el salario mínimo con el que sobrevivir un mes más. Y así un día, y otro, y otro, y otro,… es como un bucle infinito de desesperanza. Vivo alejada de aquello que me apasiona, de lo que me hace feliz. Y cuando al fin, tras una larga jornada o una extenuante semana puedo reencontrarme con mis pasiones, el agotamiento, las migrañas por la saturación y el cansancio vital consumen la mayor parte de mi energía. Mi vida consiste en conformarme, en sufrir viviendo bajo unas reglas injustas, tratando de adaptarme a un ambiente hostil y alimentarme de las migajas de tiempo y ánimo que me quedan para hacer lo que quiero y ser yo.

¿En serio la vida es esto? ¿Así es como voy a vivir el resto de mis días? Me parece una estafa. Poseo una mente autista capaz de percibir con una intensidad desbordante ciertos estímulos, identificar patrones ocultos a la vista de la mayoría y crear razonamientos divergentes inusuales, y el mundo me ha conducido a tratar de enterrar estas características y potenciar otras que escasean en mi organismo herido y maltratado. No lo entiendo. De verdad que no. ¿Tan malas han sido mis decisiones para terminar así, encadenando trabajo tras trabajo, a cada cuál más anti-autista que el anterior? A pesar de no tener diagnóstico en mi infancia, en mi adolescencia y en mi primera juventud, ¿nadie se dio cuenta de que no estaba hecha de la misma pasta que la mayoría? Ni mejor ni peor, sólo diferente.

¿Sabéis eses niñes que tratan de meter una pieza cuadrada en un orificio circular a la fuerza? Yo me siento como esa pieza, o como el orificio, o como ambos a la vez. Y también como ese niñe, confuse y frustrade.

Quiero parar, necesito parar. No quiero volver a tener una crisis que me haga caer en el abismo del espectro que más miedo me da, que más vulnerable me hace, donde más atrapada me siento. Porque si caigo, sé que no caeré yo sola en ese abismo que podría ser reparador en otras circunstancias. No, me acompañará la alargada sombra de la depresión, la afilada hoja de la ansiedad, la perturbadora presencia de la psicosis (ni si quiera sé de qué tipo) y algo parecido a la epilepsia. Si no fuera por eso me dejaría llevar encantada. Igual algún día escriba sobre ello, pero no será hoy.

Tengo ganas de rendirme, anhelo mi reposo autista, seguir mi propio ritmo. ¿Por qué todo es tan difícil? No quiero ayuda para ser normal, quiero terminar con este sistema anti-autista y normocentrista que tanto dolor causa. Porque nadie es normal en realidad, lo que pasa es que unas personas son más normales que otras y cuanto más te alejas de esa normalidad impuesta, más dolor te ocasiona.

Siento la incoherencia del texto, hoy sólo buscaba desahogo.

PD: Para comprender mejor lo que me pasa recomiendo este artículo del blog amigo Al otro lado del espectro.

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