Espero que esto no sea el típico artículo sobre cómo les autistas “debemos integrarnos” en la sociedad neurotípica para ser aceptades. Mi deseo no es el de integrarme en un sistema opresor y excluyente sino el de dinamitarlo y crear uno mejor (que no es que sepa cómo se hace eso, pero bueno, es mi deseo).

Sin embargo me es imposible obviar la realidad: les autistas debemos vivir en este mundo y convivir con sus habitantes. Mi aspiración siempre ha sido ser independiente, lo más independiente posible al menos, y creo que muches otres aspies y autistas anhelan lo mismo. Al fin y al cabo, depender de otras personas, especialmente si son alistas (no autistas), les confiere un poder sobre nosotres muy duro de digerir en ocasiones.

Así que ahí van una lista de consejillos para ayudar a otres autistas a sobrevivir en este mundo hostil.

TEMA SENSORIAL

Nuestros sentidos perciben lo que nos rodea de una forma diferente a cómo lo perciben los sentidos de les NT. A veces muy diferente, otras no tanto, depende un poco de una serie de factores que pueden variar de una persona a otra. En cualquier caso hay algunos tips a los que yo recurro para prevenir colapsos sensoriales o volver a la calma tras uno:

  1. Usar ropa cómoda, suave, de textura agradable, que huela bien, que nos resulte bonita o de colores que nos gusten.
  2. Usar tapones y/o auriculares con música, especialmente si se va a pasear por la calle o sitios ruidosos como centros comerciales.
  3. Llevar gafas de sol. Yo tengo de dos tipos, unas más oscuras para exteriores y otras más claras para interiores deslumbrantes (supermercados por ejemplo).                           sunglasses-1246251
  4. Usar calzado cómodo y que resulte seguro. Yo solía caerme a menudo, ahora trato de ir con más cuidado y voy casi siempre con mis zapatillas de deporte a cualquier sitio, o botas planas si es algún evento más formal. Aún así me tropiezo de forma constante contra cualquier mueble que esté en un radio de dos metros a mi alrededor, no he encontrado una solución para eso, de momento. Ojalá todos los muebles fueran de goma o de materiales acolchados, ir de un lado al otro me resultaría menos doloroso.
  5. Para el olfato, en invierno llevo un pañuelo o bufanda impregnada de mi colonia (una muy suave) para cuando me topo con olores penetrantes que nublan mi mente y me hacen hasta llorar. Así me tapo boca y nariz y evito saturarme del olor invasivo. En verano es más complicado, no es raro verme huir de ciertas personas como si fueran la peste (nunca mejor dicho).
  6. Y para el gusto, bueno, es difícil que ya siendo adulta me lleve a la boca algo que me resulte desagradable, ya sea por sabor o por textura, y de niña se me consentía bastante en ese sentido. Supongo que algo que podría venir bien es tener siempre a mano algo comestible que nos proporcione placer gustativo instantáneo: una chocolatina, una gominola, un chicle,… cualquier cosa que quepa en un bolsillo, vaya envuelta y no se estropee o nos pringue.

TEMA SOCIAL

El mundo neurotípico y alista está plagado de protocolos y convenciones sociales, enrevesadas tácticas de relacionarse y un sinfín de sutilezas que se dan por sentadas. No creo que sea capaz de resumir todas con las que me he ido topando a lo largo de los años pero al menos trataré de incluir unas cuantas:

  1. Se espera reciprocidad. Si te dan un regalo se espera que lo devuelvas con otro regalo, si te invitan a un evento (una boda por ejemplo), esperan que tú les invites a un evento análogo; si te hacen un favor, esperan que se lo compenses en algún momento. En el mundo neurotípico nada es gratis.
  2. Se espera que adivinemos los estados emocionales de los demás y actuemos en consecuencia. En este sentido yo procuro ser franca y honesta y a quien le guste, bien, y a quien no, pues que no se relacione conmigo. Si veo a algún ser cercano llorando le ofrezco un abrazo (me gusta abrazar en general, no tanto que me abracen a mí) y le pregunto si puedo hacer algo. Si veo a alguien enfadado le pregunto si es por algo que he dicho o hecho y si no es el caso le dejo tranquile hasta que se le pasa. Más no soy capaz de hacer.
  3. Habrá gente que trate de aprovecharse de nosotres. Aunque resulta difícil detectarlo, si alguien de nuestro alrededor usa la violencia verbal, física, psicológica (por ejemplo luz de gas) o emocional (por ejemplo chantaje emocional) es probable que acabemos confuses y herides. En mi opinión lo mejor es alejarse de este tipo de personas que sólo saben relacionarse de estos modos y ser asertives con el resto cuando caigan en la tentación de usar estas tácticas con nosotres. No tenemos por qué consentir que nos chillen, nos insulten, nos peguen, nos fuercen, nos obliguen a hacer cosas que no queremos hacer (aunque podemos aceptar ayuda si se trata de algo que queremos hacer pero no sabemos cómo hacerlo), nos traten de manipular bajo sentimientos culpabilizadores, etc.
  4. A las personas alistas les suele gustar la sutileza, el tacto. La honestidad burda que solemos usar les ocasiona incomodidad y si esa no es nuestra intención, podemos aprender a decir las cosas de manera más suave para no despertar la animadversión del resto. Las criticas es mejor guardárselas para gente de mucha confianza que valore nuestra sinceridad o para aquella gente que creemos que está cometiendo una injusticia para con otres. Los halagos suelen valorarse más positivamente pero hay que tener claro que no se pueden prodigar a diestro y siniestro, es mejor dedicárselos a gente más o menos cercana.
  5. ¿Cómo crear lazos de amistad? Bueno, primero hay que encontrar a gente con quien crear esos lazos. En mi opinión lo mejor y con mejores resultados es buscar a gente con la que se comparten intereses. Si te gusta el manga, busca asociaciones de manga; si te gusta el deporte, intentan entrar en un equipo local de tu deporte favorito; si prefieres el cine o la literatura, también suelen haber clubs en los que se organizan actividades. Una vez encuentras el lugar apropiado donde conocer personas con tus mismos gustos o intereses y se empieza a asistir con regularidad, es habitual que se empiecen a interesar por nosotres y nos hagan preguntas personales. En este caso también se aplica la regla de la reciprocidad, para crear una amistad debemos mostrar interés por otra persona y preocuparnos de su bienestar (sin olvidar nunca el nuestro). Este tipo de relaciones hay que cuidarlas como si de una frágil planta se tratase, a veces el coste es tan elevado que preferimos dejar que muera, eso ya depende de cada une. En cualquier caso, si se tienen amigues hay que recordar que si tenemos la sensación de estar dando mucho más de lo que recibimos, puede que esa amistad no valga la pena conservarla.
  6. Las relaciones románticas y de pareja las trataré más ampliamente en otras entradas.
  7. Relaciones laborales o de estudios: hay dos tipos de personas en estos ambientes, las que ostentan autoridad sobre nosotres (jefes, profes,…) y las que en principio se sitúan en un plano de igualdad frente a nosotres (compañeres). Estas personas no son necesariamente buenas personas, ni buenos jefes, ni buenos profes, ni buenes compañeres. Tampoco significa que para que sean buena gente tengan que convertirse en amistades nuestras. No todo el mundo está obligado a despertar nuestra simpatía ni ser simpáticos con nosotres, pero sí que debe imperar en todo momento el respeto mutuo. Compañeres, jefes y profes pueden ser grandes aliades o terribles enemigues. No he encontrado una forma mejor o peor de tratar con estas personas pues cada una espera cosas distintas de nosotres. Yo trato de proceder con cautela.
  8. Ser natural. A veces caemos en la tentación de ponernos una máscara o un disfraz para ocultar lo que somos. Tratamos de fingir que somos normales y, a mí por lo menos, no se me da bien. Me he dado cuenta (después de muchos años) que paso más desapercibida o caigo más simpática cuando simplemente soy yo, la versión más encantadora de mí misma, pero yo, con mis rarezas y excentricidades, mis manías, mis torpezas y mis rutinas.
  9. Familia. La familia es ese grupo de personas que se nos imponen como allegados, queramos o no. La mayoría de personas (quiero creer que de verdad es una gran e inmensa mayoría) cuentan con unes progenitores o cuidadores que los aman y, a pesar de poder cometer errores, la intencionalidad de sus actos es en base a lo que consideran que es mejor. Sin embargo, por buenas que sean las intenciones, lo cierto es que nadie está exento de cometer errores, las madres y los padres tampoco. Si une de elles es también autista (o ambos) probablemente será más fácil llegar al entendimiento pues comprenderán de manera más natural cuáles son nuestras necesidades. Sin embargo, si quien nos cuida es una persona alista (no autista) lo tendrá más difícil para entender nuestro sentir (y nosotres el suyo). Es imprescindible que seamos conscientes que nuestra forma de ser, pensar y sentir no está mal, no está equivocada, simplemente es diferente, procesamos la información de manera diferente. La paciencia y el amor (tanto hacia la otra persona como hacia une misme) es indispensable para que estas relaciones sean una fuente de bienestar.

TEMA LENGUAJE

La población neurotípica tiene la desconcertante costumbre de comunicarse en una proporción variable entre lenguaje hablado y lenguaje corporal (probablemente entre otros códigos que desconozco). El lenguaje hablado neurotípico, además, suele moverse entre la sutileza, la indirecta y el embuste. Es normal que la mayoría de nosotres tengamos serios problemas para entablar conversaciones con les alistas: entre su facilidad para ofenderse ante nuestra honestidad carente de tacto y nuestra habilidad para ser inoportunes según su convencionalismo social, el tema del lenguaje es toda una odisea difícil de abordar. Ahí van mis aspi-consejos:

  1. No es lo mismo hablar con un familiar, con una amistad, con una pareja, con alguien del trabajo, con un superior, con dependientes o con personas que trabajan en organismos públicos. Por lo general, cuanta más confianza se tiene con una persona más admite nuestra brutal franqueza, especialmente si conoce nuestra condición. Si es una persona cercana (amiga, amigo, pareja, familia,…) y te pide cambiar, que no seas como eres, huye de esa persona (no es lo miso a que te pida un poco de tacto o que avises si lo que vas a decir puede resultar impactante).
  2. Si la persona es alguien del trabajo o de clase, la ves todos los días y hablas de vez en cuando: este tipo de relación, en mi opinión, es de confianza media o media-baja. Hablar con estas personas me suele resultar complicado, no suelo tener claro qué consideran correcto o incorrecto o qué van a interpretar. He probado varias estrategias a lo largo de los años: ser simpática, ser esquiva, ser profesional,… ninguna me ha funcionado. Mi conclusión es que el problema lo tienen los demás al interpretarnos pero lo sufrimos nosotres en sus consecuencias. En resumen, hay dos opciones y ninguna es ideal: o tratamos de pensar a cada instante qué decir y hacer para no molestar, con el desgaste que eso nos causa, y sabiendo que fracasaremos un gran número de veces, o centrarnos en nosotres mismes y fingir que no nos importa en absoluto lo que les otres piensen de nosotres (como si pensar fuera lo único que hicieran y no actuaran en consecuencia).
  3. Si tenemos un día no verbal: no hay que forzarse a hablar, es preferible quedarse en casa, coger la baja por un día. Si no se hace así la consecuencia es, en mi caso, un terrible dolor de cabeza y una tristeza difícil de manejar.
  4. Ecolalia. Tengo días que se me nota más y otros que menos. Hay veces que parece que me esté burlando de la gente y otras que, simplemente, parezco una zumbada. Mi truco más eficaz con la ecolalia ha sido el sentido del humor. Si me río de mí misma o de la situación cuando repito palabras o canciones, o incluso si parece que le esté gastando una broma a la persona que imito, la gente se lo suele tomar mucho mejor que cuando me ponía seria y trataba de controlar algo que estaba bastante fuera de mi control.
  5. Cuando tengo que hablar en público o con organismos públicos: directamente me hago un guion. Si estoy relajada puedo seguirlo con cierta improvisación, cuando estoy muy tensa necesito leerlo palabra por palabra como si fuera un notario. En cualquier caso no me fuerzo a parecer natural, si me sale me sale y si no, demuestro que sé leer en voz alta perfectamente.

TEMA HABILIDADES MOTORAS

Mis habilidades motoras son más bien escasas. Puedo caminar, puedo correr, puedo mover los brazos y coger objetos, pero no puedo hacer nada de eso demasiado bien. Al caminar suelo tropezar, caerme, golpearme la cadera con mesas y sillas cercanas, darme en los brazos al pasar entre los marcos de las puertas,… Correr, lo que se dice correr, corro muy poco y cuando lo hago, luego me duelen tobillos, espalda y demás porque me parece que no sé de forma intuitiva cómo colocar mi cuerpo. También me pasa sentada, por eso igual he desarrollado cifosis. No es raro que al rascarme la nariz me meta el dedo en un ojo, que las cosas se me resbalen de las manos, que le de con el brazo a la gente de mi alrededor,… Nunca aprendí a hacer el pino, al nadar de espaldas doy círculos, no conseguí aprender a atarme los cordones hasta después de mi comunión y al montar en bici soy un peligro para mí y los demás. Soy torpe, muy torpe. Como cualquier otro ser vivo de este planeta, me he ido adaptando a mi torpeza para sobrevivir a ella:

  1. Tacones=suicidio (en mi caso). Evito hasta mirarlos.
  2. ¿Correr? Sólo para proteger mi vida de algún peligro. Si a alguien le gusta correr que procure llevar ropa que no le entorpezca y si es a prueba de caídas y torceduras, mucho mejor.
  3. No sé si lo de las estereotipias iría aquí pero bueno, lo pongo en este apartado. Ya sabéis qué opino sobre el tema de las estereotipias así que mi consejo al respecto es: disfrútalas todo lo que puedas y, a quien no le guste, que no te mire.
  4. Vivir en una casa acolchada sería lo ideal para mí, llevo moratones constantemente. De momento la pereza me ha vencido y he preferido aprender a convivir con el dolor que invertir mi tiempo en acondicionar todos los bordes y esquinas de mi hogar para hacerlas más suaves y blanditas.
  5. El yoga me ha ayudado un montón en mi coordinación, dolor de espalda, estrés, propiocepción, respiración y seguramente un sinfín más de problemas. A quien no le guste el yoga puede probar con pilates, tai chi o artes marciales. Puede que incluso la meditación sea efectiva. Se puede ir a centros donde se imparten clases o, si se prefiere, en youtube hay muchísimos tutoriales para practicar desde casa.
  6. En definitiva, tener cuidado, ir a tu propio ritmo. Mis sustos más grandes me los he llevado al caerme por las escaleras. La última vez creí que me moría porque no era capaz de respirar. Desde entonces no he vuelto a caerme pero también es verdad que no he vuelto a bajar (ni subir) escaleras a una velocidad superior a la de una tortuguita inexperta. Ya no me fuerzo a ir más rápido de lo que mi cuerpo da de sí, ni a seguir el ritmo de los demás.

TEMA PERCEPCIÓN ESPACIAL

Les autistas solemos tener una deficiente visión global, nos centramos en los detalles o, por usar un dicho popular: los árboles no nos dejan ver el bosque. Es bastante habitual que vayamos algo carentes de orientación, que cambios en la disposición de los muebles nos estresen (sobretodo si no nos avisan, ya sabéis, en parte por la rigidez de nuestras mentes). Estos son algunos de los trucos que he usado para no perderme (demasiado), y no perder (demasiadas) cosas por no saber dónde las he metido. No creo que sean los mejores consejos del mundo pero bueno, es lo mejor que sé hacer.

  1. Si tengo que ir a un sitio al que nunca he ido: planifico minuciosamente todo el trayecto con la ayuda de internet (mapas, horarios de metro, trenes, autobuses, etc). Muchas veces me escribo en forma de lista los pasos que debo dar. Por ejemplo: primero ir hasta la estación del metro, tomar el metro que pasa por la vía X en dirección Y, bajar en la parada Z, salir por la calle Pepita, caminar por la derecha hasta la calle Fulanito, al ver el parque del columpio rojo, girar a la izquierda. A tres calles de distancia está el sitio. ¡¡Has llegado!! ¡¡Eres la mejor!! (Sí, me dejo mensajes alentadores a mí misma, procuro tratarme como me gustaría que me trataran).
  2. Si a pesar de toda mi planificación, acabo perdida, echo mano del móvil y su navegador incorporado. Si a pesar de ello me altero, lloro, me vienen pensamientos negativos como “eres lo peor”o “eres inútil” o similares, trato de respirar profundamente, regularme dando vueltas al mechero en mi mano, concederme unos minutos para recuperar el control de mi estado emocional, desandar el camino hasta un punto que reconozca y volver a empezar.
  3. No soy nada eficaz ni eficiente ordenando muebles ni los objetos que deberían ocupar esos muebles. Para las cosas importantes procuro elegir un sitio apropiado y ponerlas siempre, siempre, siempre ahí. Llevo muchos años sin perder las llaves y me siento orgullosa de ello. Cuando lloro porque una de mis camisetas no está en su cajón habitual y no soy capaz de encontrarla me siento un poco menos orgullosa, la verdad.

TEMA FUNCIONES EJECUTIVAS

Hasta hace muy poco no sabía ni lo que eran las funciones ejecutivas ni que me había pasado toda la vida tratando de suplir mis carencias en dichas funciones. En mi caso, creo que mis puntos más débiles son la flexibilidad, la toma de decisiones y todo lo que implique hacer más de una tarea a la vez. La verdad es que, en general, creo que todas se me dan bastante mal, salvo tal vez la planificación, pero sigo aquí, tengo trabajo, algunos estudios, una relación de pareja estable, amistades, proyectos personales,… Dada mi capacidad creo que no lo he hecho del todo mal. Aquí os comparto algunos trucos que me han sido útiles:

  1. Escribir lo que tengo que hacer. Incluso me he hecho horarios tipo horario escolar para planificarme los días, así me resultaba más visual y más fácil de procesar. Al escribir mi plan del día sólo tenía que pensar en ello una vez, luego sencillamente me dedicaba a seguir los pasos o el horario que me había marcado.
  2. Dado que los imprevistos surgen con bastante facilidad y que, ante estos, puedo quedarme bloqueada o estresarme de forma incapacitante, lo que hacía era tener previstos en el horario los imprevistos, aunque suene imposible. Siempre me dejaba un espacio en blanco en cada día, normalmente hacia el final. Si todo había ido bien podía dedicar ese espacio en blanco o comodín como más se me antojara pero, si durante la jornada habían sucedido acontecimientos inesperados como el retraso de un tren, olvidar comprar algo imprescindible y tener que regresar a la tienda o encontrarse con un conocido con ganas de cháchara, podía usar el tiempo del comodín para ello. (No sé si me he explicado muy bien la verdad).
  3. Tomar decisiones es horrible. A veces soy incapaz de decidir qué película ver o qué libro leer. Imaginad para cuestiones de más relevancia. Si hiciera varias entrevistas de trabajo y me llamaran para entrar en dos trabajos diferentes creo que me daría un ataque al corazón. Necesité años para tomar la decisión de romper con mi ex-pareja. Por eso creo que cuando finalmente tomo una decisión, es casi imposible que me eche atrás. Me cuesta tanto esfuerzo decidir que volver a pasar por ese trauma por el mismo asunto me parece impensable. Sinceramente, no sé hasta qué punto es una desventaja. He visto demasiadas veces a personas cercanas retomar relaciones tóxicas por cambiar de opinión y tomar mil decisiones al día pero no llevar hasta el final ninguna. Prefiero que me resulte difícil tomar decisiones si la facilidad conlleva estos problemas.                                                            doors-1767564_1920
  4. Como no suelo ser capaz de realizar varias tareas al mismo tiempo (y si lo consigo luego lo pago con una grandiosa migraña) intento, en la medida de lo posible, no saturar a mi cerebro con información inútil. Por ejemplo, si escribo, apago la tele o le quito el volumen. Si hay alguien viéndola, me pongo unos cascos con música relajante o ruido de lluvia o agua.
  5. Trato de medir el tiempo sin agobiarme, más fácil de decir que de hacer. No puedo llevar reloj porque no paro de mirarlo, se convierte en una obsesión. A veces tengo rituales para medir ciertas horas, como la costumbre de los ingleses de tomar el té a las cinco. También tengo más paciencia conmigo misma. Si me cuesta el doble de tiempo hacer algunas cosas, ¿qué más da? Así tengo la excusa perfecta para hacer menos cosas (poco o nada interesantes) que el resto.

Seguramente me dejo un montón de  estrategias y tips olvidados en algún rincón desorganizado de mi memoria. Aún así espero haber podido ayudar un poco y haber resultado útil. Si tenéis trucos o consejos que queráis compartir, ¡escribidlos en los comentarios! Nunca son suficientes.

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