Las personas autistas sufrimos a diario opresiones capacitistas o neurotipicistas. La terminología es algo que todavía no tengo del todo claro así que pido disculpas de antemano si yerro en mi explicación.

En la sociedad impera algo que suelo denominar sistema neurotípico. Este sistema está configurado por todas las normas, leyes, costumbres y otras sutilezas diseñadas por mentes neurotípicas para beneficio de mentes neurotípicas. Esto significa que las personas que poseemos mentes neuroAtípicas solemos sentirnos incómodas, como poco, al desenvolvernos en el mundo. Entiendo como mente neuroatípica cualquier tipo de cerebro que salga de la normalidad, ya sea desde el nacimiento (autismo, TDAH, dislexia, esquizofrenia,…), de forma temporal o circunstancial (traumas, depresión, ansiedad,…) o por cuestiones degenerativas (deterioro cognitivo, alzheimer,…)

Una de las primeras opresiones que se pueden sentir al salirse de la neuronormalidad es el estigma. Mucha gente prefiere sufrir en silencio y soledad sus síntomas depresivos que acudir a una consulta de psiquiatría por el miedo al qué dirán. Hay quien prefiere no salir nunca del Aspi-armario por miedo a ser rechazade en su círculo social o profesional (con lo que cuesta de conseguir entrar en esos círculos como para ir poniéndolos en peligro). No hablemos ya del estigma que rodea a la esquizofrenia, la bipolaridad, los trastornos de personalidad,… Y es que no me imagino a ningún empresario contratando a una persona depresiva, a nadie suspirando de amor y deseando una relación romántica con une autista y tampoco que a une niñe “normal” le dejen jugar con une niñe con algún tipo de psicosis.

Yo, como aspi, en el tipo de opresión neurotípica que mejor puedo centrarme es en la que sufrimos les autistas. A las personas no autistas las llamamos alistas, algo mucho más específico que neurotípico. Esto lo explica Ayla mucho mejor que yo. Las personas alistas oprimen a las autistas de muchas formas, algunas indirectas y otras más directas. Pongamos ejemplos. El diseño de las aulas, semejantes a cárceles, y el aforo de las mismas. Si el colegio y el instituto se me hizo complicado con 30 personas metidas en la misma habitación, con todos esos ruidos, olores, murmullos y miradas, al llegar a la facultad sencillamente no pude soportarlo. Colapsé. Sencillamente no fui capaz de meterme en esos edificios abarrotados durante tantas y tantas horas. El sistema educativo me excluyó, a mí, con una inteligencia superior a la media y una capacidad de trabajo extraordinaria.

Una forma directa de opresión que se me ocurre es algo que denominaré asperfobia o autisfobia. Incluso las personas que no han sido diagnosticadas (o antes de ser diagnosticadas) desprenden (yo incluida) un aire extraño y diferente que es muy fácil de detectar por les normies. La palabra normie la escuché en una serie y desde entonces mi hermana, una amiga mía y yo la empleamos para denominar a aquellas personas neurotípicas o alistas que parece que tengan cosida la palabra normal a la boca, y odian todo lo que se salga de la normalidad. Como decía, les normies nos detectan con suma facilidad y desde ese momento parece que su misión en la vida es volver la nuestra un infierno, ya sea de forma sutil o con violencia explícita. Cosas que he sufrido por “parecer rara”: se han inventado rumores sobre mí, me han insultado (a la cara y a mis espaldas), me han estirado de las trenzas, me han dado palmadas en el cuerpo, se han reído de mí, han tratado de levantarme la falda, me han hecho el vacío (fingir que no existo), me han tenido manía, me han despedido, han dejado de contratarme, me han infantilizado, me han tomado a broma cuando hablaba en serio, me han humillado y un largo etcétera.

Y lo único que puedo hacer de momento para combatir estas opresiones, esta asperfobia y autisfobia, este odio acérrimo hacia lo diferente, es denunciarlo públicamente. Siento si mi discurso es muy burdo, si mis ideas no están muy bien hiladas o si es muy evidente mi falta de formación en este tema pero no considero que sean argumentos suficientes para callarme. Prefiero equivocarme y revisarme de forma continua que seguir callada.

 

 

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