Una de las primeras cosas que me suelen decir cuando revelo mi condición autista es lo de “pues no se te nota nada” y frases similares. Algunas veces es sin malicia ninguna, incluso tratan de ser un halago (cosa que es bastante horrible si se piensa con detenimiento, por el capacitismo implícito) y otras veces mi interlocutor denota cierta suspicacia hacia mí, como si yo ganara algo diciendo que soy Asperger.

El Asperger o el autismo son condiciones que no tienen por qué verse pero que sin duda se sienten, sobretodo por las personas que estamos dentro del espectro. Quiero explicar algo y no sé muy bien cómo hacerlo, pero voy a intentarlo de todos modos.

Hay días, bastantes días, que me siento “no verbal”. Muchas veces se nos distingue a las personas autistas entre las “verbales” y las “no verbales”, es decir, las que tenemos la capacidad de comunicarnos hablando y las que no. Para mí hablar no supone demasiado problema siempre y cuando se den una serie de circunstancias: no esté demasiado triste o frustrada, no esté demasiado cansada, no haya demasiado ruido, no esté en una crisis sensorial,… Recuerdo por ejemplo cuando murió mi gato, hace años, cómo me encerré en mí misma durante días, tratando de digerir ese dolor. No es sólo que no tuviera ganas de hablar, es que las propias palabras habían desaparecido de mi cerebro. Con un esfuerzo sobrehumano era capaz de rebuscar en el barullo de mi mente para encontrar algunas palabras sueltas que pronunciar como “Sí”, “No”, “Déjame”. Tras realizar este esfuerzo siempre me quedaba exhausta, sin apenas fuerzas ni para moverme. Aquella vez fue en la que mi estado “no verbal” se alargó durante más tiempo, pero lo cierto es que es algo que me ocurre más a menudo de lo que la gente de mi alrededor sospecha.

¿Y sabéis qué? No hay nada de preocupante en este estado, es algo que necesito para recomponerme. Que yo haya tenido la habilidad de aprender a comunicarme como lo hacen las personas neurotípicas no significa que haya dejado de ser autista, signifique lo que signifique ser autista (es algo que sigo descubriendo). Creo que el lenguaje hablado es como una segunda lengua que aprendí desde pequeña, pero no es mi lengua materna, no la siento así. Por eso a veces tengo problemas para comunicarme y no resulto tan natural como otras personas fuera del espectro. No me extraña que se nos considere a les aspis (y que nos consideremos nosotres mismes) como seres de otro planeta.

Ya que no nos queda otro remedio que vivir en este mundo, lo propio sería que se nos permitiera ser como realmente somos. Dado el esfuerzo que realizamos por tener un contacto apropiado con la sociedad, lo menos que se nos puede conceder es que no se nos exija que olvidemos nuestro idioma original, ese al que acudimos (o por lo menos yo acudo) para recargar nuestras energías y estabilizar nuestra psique.

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