A veces me siento estudiada como un insecto bajo la lupa del científico, otras despreciada como si mi condición fuera infecciosa y terrible; otras veces, simplemente me siento silenciada entre tantas voces notables, de gente notable, gente sin nada en la cabeza que sea considerado una tara.

Es terrible saberse objeto de estudio, tener una voz para proclamar que también soy un sujeto (y no un objeto) pero que nadie la oiga, porque nadie quiere aprender a hablar tu idioma (aunque exigen que aprendamos el suyo para ganar algunos derechos universales como el de la educación).

Cuando leo la mayoría de artículos relacionados con el Asperger (me niego a llamarlo trastorno o síndrome, lo siento) noto una sensación extraña en la boca del estómago, algo que se me revuelve en el subconsciente. Puedo afirmar con seguridad que no me gusta nada, que detesto de hecho, que personas NT hablen de mi condición con la ligereza y la insensibilidad de quien no tiene ni una ligera idea de lo que es vivir con ello en un mundo que no está pensado para mí ni para nadie como yo.

Se me insta a cambiar para encajar, para no sufrir violencia, como si esa exigencia no fuera violencia también. La mayoría de artículos que leo, al menos por parte de científicos NT, son para ayudarnos a “les pobres aspies” a adquirir las habilidades necesarias para sobrevivir en su mundo, mientras investigan fascinados nuestras mentes (lo que viene siendo capacitismo). Hacen que me sienta menos persona, menos humana, y por eso se despierta esa sensación extraña en la boca del estómago y se me revuelve el subconsciente. Creo que se llama dignidad y creo que se está despertando.

Anuncios