Recuerdo algo que me ocurrió siendo niña, algo que no entendí en su momento y que ahora, con treinta años a mis espaldas y un diagnóstico esclarecedor, puedo comprender. Es una tontería en realidad, una curiosidad, una anécdota, pero al mismo tiempo es un claro ejemplo de lo perdida que iba por este mundo.

Cuando tenías unos diez u once años un chico de mi clase me invitó, junto con un montón de compañeras, a su fiesta de cumpleaños. Yo no le llevé ningún regalo ni participé en el regalo grupal, ni siquiera me había enterado de toda esa parafernalia. Creo. La verdad es que no me acuerdo muy bien. Lo que sí me es imposible olvidar es que pasadas unas semanas llegó mi propio cumpleaños y mi propia fiesta. Mi madre sólo me dejaba invitar a dos chicos y seis o siete chicas. Pensé qué chicos quería que vinieran a mi casa y escogí al más popular de la clase y al chavalín que me gustaba por aquel entonces. Toda mi clase se cabreó conmigo y no entendí por qué. Me dijeron después que el chico que me había invitado a su cumple se había sentido muy dolido por no haberle invitado, que no debería haber ido a su fiesta si no pensaba invitarle, que su madre se había enfadado conmigo,… yo no entendía nada. Y durante mucho tiempo no lo entendí. Conocía la expresión “ojo por ojo” pero no sabía que había que aplicarla a las celebraciones y convertirla en “fiesta por fiesta”.

Supongo que es fácil imaginar con esta pequeña e incómoda situación (que yo misma provoqué) la cantidad de veces que me he comportado como una gilipollas sin saberlo, sin intención alguna de hacer daño, echando por tierra mi reputación social.

Por una parte lamento mucho el daño que puedo haber causado. Por otra, echo de menos la despreocupación con la que vivía entonces. En aquellos años la resaca social era casi inexistente, no me dolía la cabeza cada vez que tenía que interactuar con un grupo ni me quedaba bloqueada si algo inesperado me sorprendía. Entonces no planificaba, simplemente era. Supongo que he sacrificado gran parte de mi bienestar por encajar en el mundo, por no hacer daño, por ser comprendida, aceptada, querida.

Si tengo un deseo es que las Aspergirls más jóvenes que yo (y los jóvenes Asperger) no  deban hacer el sacrificio que yo hice.

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